Descubren en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz un documento de 1538 que atestigua la temprana comercialización del vino de Jerez, mostrando su importancia histórica.

Un fascinante viaje al pasado nos ofrece el Archivo Histórico Provincial de Cádiz, donde entre sus legajos más preciados se custodia un testimonio que habla de la ya entonces floreciente actividad vinícola de nuestra tierra. En uno de los más antiguos Protocolos Notariales de Cádiz, específicamente el perteneciente a Alonso de Medina y fechado en 1538, una joya documental que milagrosamente sobrevivió al devastador ataque angloholandés de 1596, se ha encontrado una escritura que nos traslada directamente a los albores del comercio del vino que hoy conocemos mundialmente como Jerez.

Este documento, de incalculable valor histórico, recoge una obligación de pago por la compra de los «caldos de diez botas de vinos de Xerez«. Esta sencilla frase, plasmada en papel hace casi cinco siglos, nos revela no solo la existencia de una producción vinícola consolidada en nuestra región, sino también su temprana comercialización con otras ciudades importantes de la época, como Cádiz.

Un contrato con sabor a historia

La escritura detalla cómo Juan Gallego, un atahonero y tabernero de la ciudad de Cádiz, se comprometía a abonar una cantidad de dinero por el vino y los recipientes que lo contenían –las propias botas– a Andrés Marques Gallego, residente en la ciudad de Xerez de la Frontera. Este acuerdo comercial, formalizado ante notario, establece un plazo máximo de seis meses para el cumplimiento del pago, contados a partir del dos de marzo, sábado, de mil quinientos treinta y ocho.

Imaginen por un momento la escena: un tabernero gaditano desplazándose o enviando a alguien a Xerez para adquirir una cantidad considerable de vino, diez botas nada menos, lo que sugiere una demanda ya significativa de este producto. La mención explícita de las «botas» como parte de la transacción también es relevante, ya que nos indica la importancia de estos recipientes en el transporte y almacenamiento del vino en aquella época.

Este documento no solo certifica la existencia del vino de Xerez como un producto apreciado y comercializado, sino que también nos permite vislumbrar las dinámicas económicas y comerciales entre Cádiz y Jerez en el siglo XVI. La figura de Juan Gallego, con su doble actividad como atahonero y tabernero, nos habla de una sociedad donde los negocios se diversificaban y donde el vino jugaba un papel importante en la vida cotidiana y en la economía local.

Implicaciones históricas y culturales

El hallazgo de esta escritura en un protocolo notarial de 1538 tiene profundas implicaciones para la historia del vino de Jerez. Tradicionalmente, se ha reconocido la larga trayectoria vinícola de la región, pero contar con un documento tan temprano que mencione específicamente los «caldos de diez botas de vinos de Xerez» aporta una evidencia tangible y fehaciente de su antigüedad y de su temprana denominación.

Este testimonio histórico nos permite afirmar con mayor rotundidad que, ya en la primera mitad del siglo XVI, el vino producido en nuestra tierra era conocido y demandado fuera de nuestras fronteras. La mención de Xerez de la Frontera como lugar de origen del vino es crucial, ya que establece una conexión directa con la denominación que ha perdurado a lo largo de los siglos.

Además, la supervivencia de este documento a pesar de los avatares de la historia, incluyendo el terrible saqueo de Cádiz por las tropas angloholandesas en 1596, lo convierte en una pieza aún más valiosa. El hecho de que este protocolo notarial de Alonso de Medina sea uno de los pocos que se salvaron de la quema subraya la importancia de los archivos históricos como custodios de nuestra memoria colectiva.

1538: Un legado que perdura

Este pequeño fragmento de la historia, rescatado de las profundidades del Archivo Histórico Provincial de Cádiz, nos recuerda la rica tradición vinícola de Jerez. Los «caldos de diez botas de vinos de Xerez» que Juan Gallego adquirió en 1538 son los antepasados directos de los exquisitos vinos que hoy en día siguen deleitando paladares en todo el mundo.

La dedicación y el esfuerzo de generaciones de viticultores y bodegueros han mantenido viva esta tradición, adaptándose a los tiempos pero conservando la esencia de un producto único. Este documento de 1538 es un humilde pero elocuente testimonio de que la historia del vino de Jerez es larga, rica y profundamente arraigada en nuestra tierra.

Descubrimientos como este nos invitan a reflexionar sobre nuestro pasado y a valorar el legado que hemos heredado. La próxima vez que disfrutemos de una copa de nuestro preciado vino, recordemos que su historia se remonta a siglos atrás, como atestigua esta antigua escritura de obligación de pago por unos «caldos de diez botas de vinos de Xerez«. Un pequeño gran tesoro que nos conecta directamente con nuestros antepasados y con la esencia misma de nuestra identidad.

1538

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Imágenes del artículo: Archivo Histórico Provincial de Cádiz

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