Revive los recuerdos del antiguo Zoobotánico de Jerez. Del rugido del león en el centro a las risas con los monos.

Del rugido en el centro a los monos del Zoo: Un viaje al Jerez de los 70

Hubo un tiempo en que Jerez no necesitaba alarmas porque la naturaleza gritaba desde el Tempul. Si tienes más de cincuenta años, guardas en tu memoria el sonido salvaje que atravesaba las paredes de la Plaza del Progreso. En este artículo, rescatamos la esencia de aquel Zoobotánico que marcó a una generación, conectando la nostalgia con la realidad de una ciudad que ha cambiado para siempre.

El eco que despertaba a la Plaza del Progreso

Escuchar a un león desde el salón de tu casa en pleno centro de Jerez parece hoy una alucinación. No lo era. El silencio de una ciudad con menos motores permitía que los 114 decibelios del «rey» viajaran por el aire. El rugido recorría el kilómetro y medio de distancia como una onda expansiva que erizaba la piel de los niños.

Aquella fiera no era un simple animal en una jaula; era el despertador de un Jerez más auténtico y salvaje. Sentir esa fuerza desde la calle Larga o la Plaza del Progreso te recordaba que la selva estaba a un paso. Si quieres ponerle imagen a esa época, así era el Zoobotánico de Jerez en el NO-DO de 1970, un documento visual que te dejará sin palabras.

Efeméride destacada: Cada 10 de febrero celebramos el aniversario del parque (inaugurado en 1953). En 1970, coincidiendo con la infancia de muchos jerezanos, el centro cumplía 17 años de vida, consolidándose como la joya sonora que hoy recordamos.

El espectáculo crudo de los primates

Si el león era la majestuosidad sonora, los monos representaban la comedia irreverente y, a veces, incómoda de nuestra infancia. Todos recordamos aquellas escenas frente a la jaula. El primate no tenía filtros; se tocaba sin pudor mientras la multitud pasaba del asombro a la carcajada rápida.

Quizás el caso más famoso de esta estrecha y a veces extraña relación fue el de Lulú, el chimpancé que se creía niño, una de las historias más curiosas de nuestra ciudad. Eran años de una educación ambiental inexistente donde el visitante interactuaba de forma caótica. Se lanzaba de todo: cacahuetes, trozos de pan o cualquier objeto que incitara una reacción del animal. Aquel intercambio formaba parte de un ritual social que unía a las familias jerezanas cada domingo.

El precio de la nostalgia y el coste de la evolución

Mantener viva una institución como el Zoobotánico no es gratis ni barato; es un pozo sin fondo de recursos. La realidad financiera es cruda: la conservación de especies como el león asiático actual exige inversiones que harían temblar cualquier presupuesto municipal. El romanticismo de aquel zoo de los 70 se estrella hoy contra el muro de las normativas europeas y el bienestar animal.

Muchos ayuntamientos tiran la toalla ante el gasto operativo que supone alimentar y cuidar a estos embajadores de la fauna. La solución técnica no es volver al zoo del «cacahuete y la risa», sino profesionalizar la nostalgia. El Zoobotánico ha sobrevivido transformándose en un centro de conservación de la biodiversidad, un camino marcado por décadas de historia y compromiso animal. En este proceso, figuras como Nitka, la mujer que dejó huella en el zoo, fueron fundamentales para entender el respeto que hoy define al centro.

Una herencia que no se compra con dinero

El valor de estos recuerdos del antiguo Zoobotánico de Jerez reside en la identidad compartida de un pueblo. No podemos recuperar el silencio absoluto de las noches en el centro, ni la libertad de lanzarle comida a un chimpancé. Pero sí podemos proteger el lugar que nos permitió, por primera vez, asomarnos al mundo salvaje sin salir de nuestra ciudad.

Jerez sigue siendo ese lugar donde, si cierras los ojos, aún parece que el aire trae el eco de una fiera. Esa es la verdadera riqueza que debemos cuidar: la historia viva que late en el corazón del Tempul. Si te has quedado con ganas de más nostalgia, te invitamos a disfrutar de el documental de «Pepótamo y sus amigos», un viaje en el tiempo que revive nuestra época dorada.

El mapa sonoro de Jerez: Los lectores recuerdan

Tras la publicación de este artículo, decenas de jerezanos han compartido sus propios recuerdos en nuestro Facebook, confirmando que el rugido del león era el latido real de la ciudad. Gracias a vuestros testimonios, hemos podido trazar este mapa de la nostalgia:

  • El rugido que cruzaba barrios: Lectores desde Torresoto hasta la Barriada Vista Alegre confirman que el sonido viajaba kilómetros en el silencio de la noche.

  • Vecinos de «primera línea»: En barrios como San Juan de Dios, la calle Rendona o Lealas, el rugido no era una anécdota, sino un vecino más que «parecía estar en el propio patio».

  • El eco en el centro histórico: El sonido rebotaba en las fachadas de La Porvera, se colaba en los balcones de la calle Évora (San Miguel) y llegaba con nitidez hasta la calle Abades, junto a la Catedral.

  • Santiago y el muro del Cuartel: Ni los gruesos muros del antiguo Cuartel de San Jorge en la calle Taxdirt (la Sangre) podían frenar el rugido que marcaba las mañanas en la calle Nueva.

  • Nuevas generaciones: La magia llegó hasta los años 90, con niños en Los Naranjos intentando avistar a la fiera con prismáticos desde la cocina.

Este artículo ya no es solo una opinión personal; es el testimonio vivo de un Jerez que creció escuchando a su león.

Actualización del 16 de enero de 2026: Este artículo ha sido ampliado con los testimonios y vivencias compartidas por nuestros seguidores en redes sociales, convirtiendo esta pieza de opinión en un documento vivo de la historia de Jerez.


Preguntas Frecuentes sobre el antiguo Zoobotánico de Jerez

¿Se podía escuchar el rugido del león desde el centro de Jerez? Sí, era perfectamente posible. Debido a que el rugido de un león alcanza los 114 decibelios y puede viajar hasta 8 kilómetros, en los años 70 y 80 el sonido llegaba con nitidez a zonas como la Plaza del Progreso, especialmente durante el silencio de la noche o el amanecer.

¿Qué tipo de leones ha tenido históricamente el Zoo de Jerez? Durante décadas, el parque albergó leones africanos, conocidos por su gran envergadura. En la actualidad, el centro se ha especializado en la conservación del león asiático, una especie en grave peligro de extinción que forma parte de programas europeos de cría (EEP).

¿Por qué los monos del antiguo zoo tenían comportamientos tan llamativos? Los primates interactuaban constantemente con el público al no existir las barreras de cristal actuales. Los animales reaccionaban a los estímulos de los visitantes, generando anécdotas que hoy forman parte de la memoria colectiva de Jerez.

¿Sigue siendo el Zoobotánico de Jerez el mismo de hace 50 años? El concepto ha cambiado radicalmente. Ha pasado de ser una exhibición de animales a convertirse en un Centro de Conservación de la Biodiversidad, priorizando el bienestar animal y la recuperación de especies amenazadas como el lince ibérico.

¿Cuándo es el aniversario del Zoobotánico de Jerez? La efeméride oficial es el 10 de febrero. El parque se inauguró ese día en 1953 bajo el nombre de Jardín Zoológico y Botánico «Alberto Durán». Cada año, esta fecha sirve para recordar su importancia histórica en la ciudad.

Nota sobre la imagen: La ilustración principal de este artículo ha sido generada mediante Inteligencia Artificial (Gemini) de Google, creada específicamente para este post con el fin de evocar la atmósfera nostálgica del Jerez de los años 70 que describen nuestros lectores.


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