Explora el yacimiento arqueológico de Asta Regia, antigua colonia romana y joya de la historia de Jerez de la Frontera.

Descubriendo el yacimiento arqueológico de Asta Regia: Tesoro de Jerez

El sur de la Península Ibérica custodia secretos que desafían el paso de los siglos y las civilizaciones. En el corazón de la campiña jerezana, una elevación del terreno conocida como Mesas de Asta esconde bajo sus tierras de labor una de las ciudades más influyentes de la antigüedad. Se trata de una urbe que fue puerto, colonia y centro de poder político durante milenios. El yacimiento arqueológico de Asta Regia no es solo un conjunto de ruinas olvidadas, sino el epicentro de un debate histórico fascinante sobre los orígenes de nuestra cultura occidental en las marismas del Bajo Guadalquivir. Este interés académico se mantiene vigente, como demuestra la reciente recopilación bibliográfica presentada en la Revista de Historia de Jerez en 2021, que arroja nueva luz sobre este enclave.

El origen de una leyenda en las fuentes clásicas

Ilustración evocadora del yacimiento arqueológico de Asta Regia que muestra una ciudad portuaria antigua al atardecer, con barcos de vela clásicos navegando por el Lacus Ligustinus y estructuras arquitectónicas que sugieren el esplendor de la época romana y tartésica en Jerez.

Para entender la magnitud de este enclave, debemos remontarnos a los textos de los grandes cronistas del mundo antiguo. Geógrafos e historiadores como Estrabón o Plinio el Viejo ya mencionaban la importancia estratégica de esta ciudad situada en el estuario del antiguo Betis. Sus escritos describen una colonia de gran relevancia, vinculada estrechamente a la mítica civilización de Tartessos y a la posterior dominación romana en la provincia Bética. Pomponio Mela, nacido en la propia zona en el siglo I d.C., le otorgó el carácter de colonia, resaltando su estatus privilegiado frente a otros asentamientos cercanos.

La ubicación de la ciudad no fue casual, pues se encontraba en las orillas del desaparecido Lacus Ligustinus. Este gran estuario permitía que el yacimiento arqueológico de Asta Regia funcionara como un punto de conexión vital entre el interior de Andalucía y las rutas comerciales del Atlántico. No obstante, el silencio documental que siguió a la caída del Imperio Romano dejó a la ciudad sumida en un letargo que solo la arqueología moderna ha conseguido despertar. Hoy, gracias a las fuentes epigráficas como el famoso Bronce de Lascuta, sabemos que Asta fue un centro jurídico y administrativo de primer orden.

Las excavaciones que revelaron la grandeza de Asta

Fotografía de una excavación arqueológica en el yacimiento de Asta Regia que muestra a un investigador trabajando sobre un mosaico romano pavimentado, rodeado de muros de piedra, columnas clásicas y vasijas cerámicas bajo una luz dorada de atardecer.

A pesar de que el sitio era conocido desde el siglo XVI, el verdadero impulso científico llegó en el siglo XX de la mano de figuras como Manuel Esteve Guerrero. Entre 1941 y 1958, este arqueólogo lideró excavaciones sistemáticas que permitieron establecer las primeras secuencias estratigráficas claras del lugar. Sus hallazgos fueron tan significativos que la colección exhumada dio origen a la creación del Museo Arqueológico Municipal de Jerez, donde hoy se custodian piezas clave para comprender la evolución de la zona. Cada estrato excavado contaba una historia diferente, desde la cerámica árabe hasta los restos de la ocupación romana y turdetana.

El trabajo de Esteve demostró que el yacimiento arqueológico de Asta Regia no era una simple villa, sino un centro urbano consolidado con infraestructuras complejas. Se descubrieron pinturas murales, inscripciones latinas y necrópolis que confirmaban la riqueza de sus habitantes y la sofisticación de su organización social. Desgraciadamente, tras su fallecimiento en 1975, el ritmo de las intervenciones disminuyó drásticamente, dejando gran parte del recinto sin explorar. Esta falta de continuidad ha convertido a las Mesas de Asta en un gigante dormido que espera nuevas tecnologías para revelar sus estratos más profundos.

Un crisol de culturas: De Tartessos a la época islámica

Composición visual que simboliza la evolución histórica de Asta Regia, integrando elementos arquitectónicos de la civilización tartésica, columnas monumentales romanas y motivos geométricos andalusíes bajo un cielo crepuscular que une las diferentes etapas culturales del yacimiento.

La importancia del yacimiento reside en su capacidad para actuar como un archivo histórico ininterrumpido a lo largo de los siglos. Las investigaciones han confirmado que antes de ser una colonia romana, Asta fue un asentamiento indígena de origen tartésico. Su posición privilegiada junto a los esteros del Guadalquivir la convirtió en un punto de contacto fundamental para los comerciantes fenicios y los pueblos locales. Esta mezcla de culturas generó una identidad propia que se refleja en la cultura material recuperada, desde industrias líticas prehistóricas hasta delicadas cerámicas importadas.

Con la llegada de Roma, la ciudad alcanzó su máximo esplendor bajo el nombre de Hasta Regia. Fue durante este periodo cuando se consolidó su trazado urbano y se convirtió en una pieza clave del convento jurídico hispalense. Las huellas de este pasado imperial son visibles en las inscripciones monumentales y en los restos de su arquitectura pública. Incluso en la época medieval, el sitio mantuvo su relevancia, como demuestran los hallazgos de cerámica árabe en las zonas superiores de la excavación. Es esta profundidad temporal la que otorga al yacimiento arqueológico de Asta Regia un valor patrimonial incalculable para la provincia de Cádiz.

Retos y esperanzas para el futuro del patrimonio

Vista panorámica del yacimiento arqueológico de Asta Regia en Jerez, destacando la superposición de muros de piedra antiguos y columnas frente a un horizonte natural, simbolizando el potencial de futuras excavaciones y la esperanza de recuperación del patrimonio histórico en Mesas de Asta.

En la actualidad, el yacimiento se encuentra en un momento crítico de su historia milenaria. Un hito fundamental en su protección jurídica se produjo el 6 de marzo de 2000, fecha en la que fue declarado oficialmente Bien de Interés Cultural (BIC) mediante el Decreto 100/2000. A pesar de este reconocimiento oficial, la falta de planes de actuación estables preocupa a la comunidad científica y a la sociedad civil. Las asociaciones ciudadanas continúan exigiendo a las administraciones un proyecto general de investigación que garantice la conservación de los restos y su puesta en valor turística.

La reactivación de las excavaciones no solo sería un hito para la arqueología, sino también un motor de desarrollo económico para la barriada rural de Mesas de Asta Regia. El uso de nuevas tecnologías, como el georradar, ha permitido intuir la existencia de grandes edificios públicos bajo la tierra sin necesidad de excavar. Estas prospecciones modernas confirman que lo que vemos hoy es solo la punta del iceberg de una metrópolis antigua. El yacimiento arqueológico de Asta Regia representa una oportunidad única para reconectar con nuestras raíces más profundas. Solo a través del compromiso institucional y la divulgación científica podremos asegurar que el legado de Asta no vuelva a quedar sepultado por el olvido.

Fotografías generadas con IA

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