Descubre la historia del vino San Cayetano en Jerez como tónico medicinal y su uso contra la difteria en 1895.

⚠️ Nota importante de responsabilidad histórica

Este artículo tiene un propósito exclusivamente divulgativo, histórico y cultural. El documento analizado, fechado en 1895, refleja las prácticas médicas de una época en la que la ciencia no disponía de los conocimientos actuales sobre toxicidad y desarrollo infantil.

Es fundamental recalcar que, bajo los estándares de la medicina moderna y las directrices de organizaciones internacionales como la OMS, no se debe administrar alcohol a menores de edad bajo ningún concepto. Lo que hace un siglo se consideraba un «tónico», hoy es reconocido como una sustancia altamente perjudicial para el desarrollo físico y neurológico de los niños. Los tratamientos mencionados para enfermedades como la difteria han sido sustituidos por vacunas y fármacos seguros y eficaces.

Un viaje al Jerez de finales del siglo XIX

Caminar por las calles de Jerez de la Frontera es hacerlo sobre capas de historia que se entrelazan de forma fascinante, donde el aroma a bodega se mezcla con los ecos de una sociedad que entendía la salud de una manera muy distinta a la nuestra. En el invierno de 1895, la ciudad no solo era el epicentro mundial del comercio vinícola, sino también un laboratorio donde la medicina buscaba en la vid soluciones para los males que acechaban a la población más vulnerable. Resulta apasionante descubrir cómo la ciencia de la época otorgaba al vino un estatus que hoy nos parecería impensable, elevándolo a la categoría de remedio infalible y certificado por las más altas autoridades académicas locales.

Entre los documentos que sobreviven al paso del tiempo, ha emergido un testimonio excepcional firmado por el doctor Francisco M. Feran, una figura de gran prestigio que ejercía como subdelegado de medicina en el histórico distrito de Santiago. Este facultativo, cuya formación estaba avalada por la Sociedad Francesa de Higiene, dejó constancia oficial de las bondades de un producto que hoy consideraríamos una curiosidad de coleccionista. Se trata del vino San Cayetano, una elaboración de la casa C. del Pino y Compañía que representaba a la perfección esa unión entre la tradición bodeguera y la botánica aplicada a la curación de enfermedades infantiles.

La historia del vino San Cayetano en Jerez como tónico medicinal y preventivo

La relevancia de este hallazgo radica en la minuciosidad con la que se describe la composición y el propósito de este brebaje. En una época donde la farmacología moderna aún estaba en pañales, la combinación de elementos naturales era la base de la mayoría de los tratamientos. La historia del vino San Cayetano en Jerez como tónico medicinal se fundamenta en una receta que mezclaba vinos de quina y limón con el Pedro Ximénez de calidad superior, creando un compuesto que no solo buscaba el bienestar inmediato, sino también la prevención a largo plazo. Lo que hoy llamaríamos un suplemento vitamínico, era en aquel entonces un escudo contra amenazas tan temibles como la difteria, una enfermedad infecciosa que causaba estragos en la infancia.

El certificado médico del doctor Feran no dejaba lugar a dudas sobre la eficacia de este tónico tras años de experiencia acumulada en las consultas del barrio de Santiago. Resulta curioso observar cómo se recomendaba el uso de este vino dulce como un «buen preservativo» contra infecciones respiratorias graves, otorgando a la quina un papel protagonista por sus propiedades antisépticas y febrífugas. Esta integración del producto estrella de la región en el botiquín doméstico nos habla de una economía circular donde la bodega y la farmacia compartían objetivos, buscando siempre el fortalecimiento del organismo de los más pequeños de la casa.

Certificado médico original de 1895 firmado por el Dr. Francisco M. Feran en Jerez de la Frontera, que prescribe el vino San Cayetano de la casa C. del Pino y Comp. como tónico medicinal infantil. La imagen muestra una tipografía de época con una marca de agua central de la bodega y la rúbrica del litógrafo Manuel Tesán en el margen inferior, detallando una posología a base de vinos de quina, limón y Pedro Ximénez.
Certificado original del Dr. Feran (1895) con el sello de la casa C. del Pino y Comp.ª.

El análisis del documento: Marcas de autenticidad

Al observar detenidamente las versiones mejoradas del certificado, descubrimos detalles que hablan del prestigio y la seguridad que rodeaba a este producto: tanto en el sello central oculto tras el texto como en el margen inferior derecho, aparece la rúbrica «Manuel Tesán – Jerez». Se trata de la firma del prestigioso litógrafo jerezano con taller en la calle Lancería, cuya labor era fundamental para la época. Su taller no solo realizaba impresiones artísticas, sino que se encargaba de la papelería de seguridad de las grandes bodegas, garantizando mediante estas marcas de agua y rúbricas que el certificado que el paciente tenía en sus manos era un documento auténtico y oficial de la casa C. del Pino y Comp..

El distrito de Santiago y el rigor científico de la época

Para comprender la magnitud de este documento, es necesario poner el foco en la figura del emisor y el lugar desde donde se emite. Jerez estaba dividida en distritos administrativos y sanitarios, siendo el de Santiago uno de los más densos y con mayor personalidad propia dentro del casco urbano. Que el doctor Francisco M. Feran firmara este certificado un 6 de enero de 1895, día de Reyes, añade un matiz humano casi poético a la historia. Estamos ante un hombre que pertenecía a la élite científica europea, lo que confería al vino San Cayetano una pátina de rigor internacional que trascendía las fronteras de la campiña jerezana.

Este tipo de documentos médicos funcionaban como una garantía de calidad ante una sociedad que empezaba a valorar el control sanitario de los productos que consumía. El hecho de que un doctor miembro de la Sociedad Francesa de Higiene pusiera su nombre detrás de una marca comercial indica una colaboración estrecha entre la industria vinícola y el estamento médico. No se trataba de una simple publicidad, sino de un acto administrativo que buscaba dar confianza a los padres de familia sobre la seguridad de administrar alcohol, convenientemente preparado, a sus hijos menores. El rigor con el que se detallaba la procedencia del vino subrayaba la importancia de la prestigiosa casa extractora local.

Dosis y pautas de un tratamiento basado en la vid

Infografía de posología del vino San Cayetano Jerez 1895 dosis para niños según el Dr. Francisco M. Feran.
Infografía basada en el certificado original de 1895: representación de las dosis recomendadas de vino San Cayetano para la infancia según la medicina de la época – Imagen generada con IA

Uno de los aspectos más llamativos para el lector contemporáneo es, sin duda, la prescripción detallada de las dosis según la edad del paciente. El doctor Feran estableció un protocolo estricto que comenzaba incluso antes de los dos años de edad, prescribiendo una cucharadita de café media hora antes de las comidas. Esta pauta buscaba probablemente abrir el apetito y facilitar la digestión, funciones que el Pedro Ximénez y la quina cumplían con creces gracias a su contenido en azúcares y principios amargos. A medida que el niño crecía, la dosis aumentaba de forma proporcional, pasando de la cucharada de sopa a la copita de licor una vez alcanzados los seis años de edad.

Esta visión del alcohol como vehículo para la medicina es un reflejo fiel de una cultura que no percibía el riesgo del consumo temprano, sino que valoraba la capacidad del vino para conservar los principios activos de las plantas medicinales. La historia del vino San Cayetano en Jerez como tónico medicinal nos enseña que el vino era el disolvente universal de la época, capaz de mantener estables las propiedades del limón y la quina durante meses. El objetivo final era siempre el mismo: proporcionar un refuerzo energético y protector en un contexto donde la nutrición no siempre era la adecuada y las vacunas todavía eran un horizonte lejano en la práctica médica diaria.

El camino de la botica a la excelencia enológica

La transición de Jerez desde aquellos «vinos medicinales» del siglo XIX hasta su estatus actual es el relato de una fascinante evolución hacia la pureza y el rigor científico. Si analizamos el contexto de 1895, el vino San Cayetano no era un simple producto recreativo, sino un intento honesto de la ciencia de la época por encontrar escudos contra la enfermedad. Sin embargo, el mayor progreso de Jerez no solo ha sido perfeccionar sus soleras, sino también su conciencia social.

Hoy, con la evidencia clínica en la mano, sabemos con absoluta certeza que el organismo de un menor no está diseñado para procesar el alcohol; lo que hace un siglo se veía como un refuerzo, hoy se reconoce como un riesgo severo para su desarrollo neurológico y físico. Por ello, bajo los estándares actuales, la administración de alcohol a menores es una práctica totalmente descartada y desaconsejada por la medicina moderna.

Actualmente, el Marco de Jerez ha dejado atrás las antiguas recetas de botica para centrarse en la complejidad biológica y oxidativa que lo hace único en el mundo. La industria se rige por normativas de salud estrictas donde el disfrute del vino se vincula exclusivamente a la cultura del consumo responsable en adultos y al maridaje de alta cocina. Aquella visión del Dr. Feran en el distrito de Santiago fue un escalón necesario en nuestra historia, un testimonio de cómo Jerez siempre ha intentado cuidar de los suyos con las herramientas que tenía a mano.

Pero el progreso es, precisamente, saber cambiar el rumbo cuando la ciencia arroja luz: hoy celebramos el Sherry como un legado cultural sagrado y un placer gastronómico, siempre desde la responsabilidad innegociable de proteger la salud de las nuevas generaciones.

Fotografía de cabecera generada con IA
Recreación de una botica jerezana de 1895: ingredientes naturales, instrumental farmacéutico y el vino San Cayetano como base del tónico medicinal prescrito por el Dr. Feran


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