Analizamos el valor arquitectónico e histórico de la plaza de la Asunción y los riesgos de masificar este espacio.

El escaparate de piedra: ¿Es la Plaza de la Asunción el lugar idóneo para el Fin de Año?

Jerez de la Frontera posee rincones que parecen detenidos en el tiempo, pero ninguno alcanza la armonía casi mística de la Plaza de la Asunción. Al caminar por ella, el ciudadano se siente abrazado por el genio renacentista del Cabildo Antiguo y la sobriedad gótico-mudéjar de San Dionisio. Sin embargo, el valor arquitectónico e histórico de la plaza de la Asunción está siendo sometido a una prueba de estrés que invita a una reflexión profunda sobre la gestión del éxito y la seguridad pública en nuestra ciudad.

Con una población que ya supera los 213.000 habitantes, Jerez ha dejado de ser aquella localidad donde todos cabían en cualquier parte. Hoy somos una gran ciudad, una de las más pobladas de Andalucía, y eso conlleva una responsabilidad logística que no siempre parece alinearse con las decisiones municipales. La elección de este enclave para la gran fiesta oficial de Fin de Año plantea una contradicción flagrante. Por un lado, el Ayuntamiento utiliza la belleza monumental como reclamo turístico y visual, buscando la fotografía perfecta para las redes sociales y la prensa. Por otro, ignora que esa misma belleza es frágil y que el espacio es, a todas luces, insuficiente para una masa humana ingente.

El Arenal como alternativa lógica de seguridad

Si comparamos este rincón con la vecina Plaza del Arenal, el contraste es evidente. El Arenal es un espacio diáfano, el gran salón de la ciudad diseñado para el encuentro masivo y con amplias vías de evacuación en todas sus vertientes. Es un lugar más seguro, más accesible y menos sensible desde el punto de vista patrimonial. Entonces, cabe preguntarse por qué se insiste en «encajonar» a miles de personas en la Asunción. La respuesta parece ser puramente estética. Se prioriza el continente sobre el contenido, la postal sobre la protección real de los asistentes y del propio monumento.

La seguridad no debería ser una apuesta de azar. En un espacio cerrado por edificios históricos de incalculable valor, con accesos estrechos que pueden convertirse en cuellos de botella ante cualquier imprevisto, la acumulación de personas supone un riesgo innecesario. No se trata de alarmismo, sino de pura aritmética urbana. Si una pequeña fracción de los jerezanos decide acudir a las campanadas oficiales, la plaza desborda sus límites físicos. En ese escenario, los servicios de emergencia tendrían dificultades serias para actuar y el propio mobiliario artístico del siglo dieciséis quedaría expuesto a daños irreparables.

Un compromiso necesario con la gran ciudad

Es el momento de que el Ayuntamiento de Jerez deje de mirar la ciudad como un simple decorado y empiece a gestionarla como la gran urbe que es. Debemos proteger el valor arquitectónico e histórico de la plaza de la Asunción no solo de la erosión del tiempo, sino de decisiones políticas que anteponen el marketing a la prudencia. La fiesta de Fin de Año merece un lugar donde la alegría no esté reñida con la seguridad y donde el patrimonio no sea un rehén de la foto de turno. El Arenal espera, mientras la Asunción pide un respiro que, por el bien de todos, deberíamos concederle.

Fotografía © César Pérez Pacheco | jerezsinfronteras.es


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