Las colonias de lechuza común (Tyto alba) del centro histórico de Jerez de la Frontera no organizan aquelarres ni invocan a las ánimas del purgatorio. Estas aves rapaces simplemente exigen amor romántico desde las alturas de San Miguel y la Catedral de Jerez mediante un siseo rítmico que monopoliza los titulares y que la sabiduría popular confunde con el clásico «que se besen».
La brigada del amor que patrulla los campanarios del casco antiguo
Aunque cada 4 de agosto recordamos en nuestra agenda de efemérides el Día Internacional del Búho y Concientización de Aves Nocturnas para poner en valor a estos depredadores dentro de la ecología urbana, en las madrugadas de otoño la experiencia a pie de calle resulta bastante menos solemne. Quien camina cerca de los antiguos palacios o las bodegas tradicionales a las tres de la mañana se enfrenta a una especie de boda multitudinaria e invisible.
La tradición oral andaluza prefirió alimentar la leyenda echándole la culpa a los duendes, a las brujas o a espíritus románticos atrapados en el siglo XIX. La cruda realidad zoológica es bastante menos poética. No hay espectros con ganas de fiesta en las alturas de las iglesias jerezanas, sino pájaros hambrientos con muy pocos modales y una vocalización de lo más sospechosa.
La gran estafa del búho sabio frente a la lechuza juerguista
Existe una confusión injusta entre dos aves de la provincia de Cádiz que no podrían ser más distintas. El búho real mantiene una reputación impecable de intelectual de la noche con su ululato grave, serio y aristocrático. Ese sonido profundo jamás incitaría a nadie al afecto público ni montaría un escándalo en mitad de la vía pública.
Por el contrario, la lechuza común (Tyto alba) pasa olímpicamente de la elegancia académica. Esta especie no ulula porque prefiere emitir un siseo metálico, áspero y agudo que aporta un toque de humor e impregna el ambiente como si una multitud entusiasmada estuviese en un banquete de boda. Cuando varios ejemplares se juntan en la misma viga de madera, la tertulia nocturna se escapa por completo de control.
¿Por qué las crías de lechuza piden besos a la hora del desayuno?
El momento de máxima tensión cómica ocurre entre la medianoche y las primeras luces del amanecer. Los padres regresan al nido con un ratón en el pico y las crías, lejos de dar las gracias educadamente, lanzan ráfagas aceleradas de siseos rítmicos («ssshh-ssshh-ssshh»). El mensaje biológico es «tengo hambre», pero la acústica urbana lo traduce por algo bastante más festivo.
El cerebro humano, desesperado por encontrarle sentido a los ruidos de la noche, conecta los puntos de la peor manera posible. La repetición acelerada del siseo choca contra la piedra caliza de templos como San Dionisio o Santiago. El resultado final es un coro insistente que parece gritar «que se besen» a cualquier pareja despistada que pase por debajo.
La arquitectura monumental al servicio del espectáculo nocturno
El casco antiguo de Jerez no es solo historia y patrimonio, es también una caja de resonancia formidable para este vodevil ornitológico. Las calles estrechas y los muros de cal recogen el sonido de las alturas y lo proyectan directamente al suelo. El eco rebota en los esquinales haciendo que el reclamo de los polluelos suene con una potencia digna de megafonía.
Al despuntar el alba, las lechuzas se van a dormir satisfechas tras haber convertido el patrimonio histórico jerezano en una sala de fiestas improvisada. Las calles se llenan de panaderos y madrugadores, mientras en las alturas las aves descansan hasta la próxima sesión de animación romántica.
¿Te has sentido alguna vez presionado a besar a alguien por culpa de las lechuzas del centro histórico?
[Foto: IA para Gemini / jerezsinfronteras.es]
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