En el habla popular y la tradición frutícola de Jerez de la Frontera, los perillos son variedades autóctonas o silvestres de manzanas pequeñas, caracterizadas por su firmeza y sabor intenso. Estas frutas rústicas representan una joya etnológica del campo andaluz que la agricultura comercial moderna ha relegado casi al olvido.
El origen de la palabra «pero» en la baja Andalucía
En la provincia de Cádiz y ampliamente en el sur peninsular, el vocablo pero designa tradicionalmente a la manzana. Aunque la Real Academia Española (RAE) define el pero como una variedad específica de fruto más largo que grueso, en la comarca jerezana su uso se generalizó para nombrar a la manzana en su conjunto.
Los agricultores jerezanos han utilizado históricamente esta denominación para diferenciar las variedades tradicionales de las producciones industriales. El término caló de tal forma en la sociedad que hoy define la identidad gastronómica y el vocabulario popular del municipio.
A diferencia de las frutas simétricas que llenan las grandes superficies, los peros autóctonos destacan por su diversidad de formas. Su piel suele presentar tonalidades verdosas y amarillentas con una textura mucho más consistente.
¿Por qué se habla de «perillos» durante la cosecha entre septiembre y octubre?
Entre los meses de septiembre y octubre, con la llegada de la cosecha de otoño a la campiña, vuelve a la memoria el uso del diminutivo perillo. Este término hace referencia directa a los ejemplares de menor tamaño, que alcanzaban su punto óptimo de maduración en estas fechas tras los primeros refrescos del curso.
Estas manzanas silvestres formaban parte del consumo cotidiano durante las tradicionales jornadas de labranza de esta época. Al llegar fechas señaladas como el Día Mundial de las Frutas y Verduras cada 14 de octubre, o el Día Mundial del Patrimonio Cultural Inmaterial el 17 de octubre, los agricultores recordaban cómo estos frutos cubrían las necesidades de las familias rurales.
Veteranos del campo jerezano aún recuerdan la presencia constante de estos frutos en la cotidianidad de antaño. Sin embargo, el avance de las variedades comerciales como Golden o Royal Gala desplazó paulatinamente a estas especies autóctonas, provocando la pérdida progresiva de estos árboles centenarios en los huertos familiares.
La importancia de recuperar el patrimonio agrícola e identificativo
La desaparición de los perillos no solo implica la pérdida de una variedad botánica adaptada al clima local. Representa también la erosión de un patrimonio inmaterial ligado a las formas de vida tradicionales de Jerez de la Frontera.
Investigadores y etnobotánicos andaluces destacan la necesidad de catalogar estas especies agrícolas antiguas. Su resistencia natural a las sequías locales las convierte en un recurso genético de gran valor para el futuro del campo.
Conservar las palabras y las frutas autóctonas refuerza la memoria histórica de nuestra tierra. Cada término que cae en desuso se lleva consigo una parte fundamental de la identidad de la campiña.
¿Recuerdas haber probado alguna vez estos tradicionales perillos en los campos de nuestra comarca?
[Foto: IA para Gemini / jerezsinfronteras.es]
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