Descubre la historia del Dulce Nombre de Jesús en Jerez y la devoción sanadora del Niño Perdido en Navidad.

En el Jerez del siglo XIX, la advocación del Niño Perdido gozó de un arraigo popular inmenso que hoy resulta casi desconocido para las nuevas generaciones. Su soporte devocional era la imagen del Dulce Nombre de Jesús, una escultura del siglo XVIII, posiblemente de autoría italiana. Esta pieza no es solo una obra de arte; es el receptáculo de una tradición e intrahistoria que define la esencia espiritual de la ciudad.

Hay obras de arte sobre las que se posa la historia porque se imbuyen de ella. Pero hay otras que, además, son soporte de la devoción popular. En Jerez, esta imagen que la orden dominica veneraba —y actualmente aún venera como titular de la hermandad de la Oración en el Huerto— es el eje de un relato fascinante. Se encuentra en su capilla de la iglesia de Santo Domingo, junto a la emblemática Alameda de Cristina.

Historia y patrimonio tras la exclaustración

La orden de Santo Domingo sufrió la exclaustración en 1835, dejando sus bienes desamortizados y muchas dependencias en abandono total. El claustro gótico pasó a manos municipales, pero el templo siguió celebrando la santa misa de forma ininterrumpida. Según explica Fabián Pérez Pacheco, gerente en Ars Nova Restauraciones S.L, «la tradición piadosa de la ciudad se fue apoderando del culto a sus imágenes» tras este periodo de cambios.

Fotografía antigua en blanco y negro del retablo barroco del Dulce Nombre de Jesús en la iglesia de Santo Domingo de Jerez, con la imagen del Niño Perdido en el nicho central.
Retablo del Dulce Nombre de Jesús, mediando el siglo XX.

Fue conocida popularmente como la imagen del Niño Perdido, haciendo referencia directa al pasaje evangélico. Este relato cuenta cómo Jesús fue hallado en el templo tras tres días de búsqueda desesperada. «Ésta que nos ocupa, y que aún conservamos, del Dulce Nombre de Jesús adquirió entonces una nueva dimensión religiosa», afirma el experto sobre el valor histórico de la talla.

El ritual sanador y la promesa del silencio

El culto a esta devoción fue impulsado especialmente por mujeres encinta y madres, quienes otorgaban al rezo un carácter sanador para la infancia. Se cuenta que las jerezanas salían de sus casas y caminaban hacia la Alameda de Cristina en absoluto mutismo. «Si no intercambiaban palabra alguna con nadie, era porque marchaban en silencio hacia la capilla de esta imagen», detalla Pérez Pacheco.

Este sacrificio era la ofrenda para alcanzar la gracia de la sanación o un buen suceso en el parto. Esta profunda fe en lo sagrado era la que regía los temores más íntimos de las familias, del mismo modo que el antiguo Cabildo de Jerez y las virtudes del buen gobierno marcaban el orden en la vida pública de la ciudad. «Hasta que no la visitaban en su retablo, hacían la santa promesa del silencio», subraya el restaurador.

Interior de la capilla de la Hermandad de la Oración en el Huerto en Santo Domingo, Jerez, mostrando el retablo central iluminado y los pasos laterales con imágenes titulares, con la marca de agua de Ars Nova Restauraciones.
Dulce Nombre de Jesús © ArsNovaRestauraciones.es
Capilla de la Hermandad de la Oración en el Huerto en la iglesia del convento de Santo Domingo en Jerez de la Frontera. La capilla fue construida en el siglo XVI y siempre sirvió de sede para la Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús desde que se trasladó al convento dominico en 1564. La archicofradía se fundó en 1555 y su sede original estaba en la capilla del Hospital de Santa Catalina que se levantaba cercano a la plaza del Arroyo, junto a las casas de los caballeros Dávilas. En el retablo principal, retablo del siglo XVII, aparece la escultura del Dulce Nombre de Jesús, y a los lados las otras imágenes titulares de la hermandad: Ntro. Padre Jesús Orando en el Huerto, y María Santísima de la Confortación.

Simbolismo teológico: de la Pascua a la Navidad

El pasaje del Niño Perdido, relatado por San Lucas, cierra el ciclo de la infancia y funciona como un correlato de la Resurrección. Jesús estuvo perdido tres días en Pascua, los mismos que permanecería sepultado años más tarde. Fabián Pérez Pacheco aclara que «esta historia es en sí misma un correlato de la muerte y resurrección de Jesús», una conexión profunda entre el inicio y el fin de su vida terrenal.

Retablo barroco dorado en la iglesia de Santo Domingo de Jerez con la imagen del Dulce Nombre de Jesús en la hornacina central iluminada, bajo una bóveda de crucería decorada.
Dulce Nombre de Jesús © ArsNovaRestauraciones.es
La escultura del Dulce Nombre de Jesús, obra del siglo XVIII, siempre quedó ubicada en dicha hornacina del retablo, y en ella ha recibido culto.

En el rezo del rosario, este suceso es uno de los misterios gozosos, uniendo la alegría del hallazgo con el dolor previo de la Virgen. «Prefiguran los de la Virgen en la Pasión de Jesús, aunque lo hace durante su infancia, por la zozobra y el miedo a la pérdida de un hijo», explica Fabián sobre esta dualidad emocional. La tradición popular entiende más de gracias y miedos que de teología técnica, buscando siempre certezas y sosiego.

La festividad del Nombre y el rito del pesebre

Aunque originalmente se celebraba el 2 de enero coincidiendo con la Circuncisión, la festividad quedó fijada el día 3. Según la ley judía, a los ocho días del nacimiento se otorgaba el nombre; en este caso, Jesús, que significa «Dios Salva». Pérez Pacheco recuerda que estas imágenes del Dulce Nombre de Jesús «en numerosas ocasiones sirven de soporte para el culto al Nacimiento de Jesús, pero también lo hacen para la devoción al Niño perdido».

Escultura del Dulce Nombre de Jesús en Jerez, situada sobre una peana dorada con ángeles dentro de su hornacina, vistiendo túnica de terciopelo bordada y portando sus atributos iconográficos.
Dulce Nombre de Jesús © ArsNovaRestauraciones.es
Aunque es una imagen de cuerpo entero, su vestido de terciopelo bordado acompaña, por su antigüedad, su calidad artística. Porta en su cabeza tres potencias en plata del siglo XVIII, símbolo iconográfico de su divinidad; en su mano izquierda muestra la bola del Firmamento coronada por la Cruz (plata, siglo XIX), como símbolo del Creador, y en su mano derecha un lábaro crucífero emblema del resucitado (metal sobreplateado).

En las casas antiguas de Jerez, existía una tradición entrañable y algo pícara relacionada con el pesebre navideño. «Era frecuente que la figura del Niño Jesús que reposaba en su popular pesebre, fuera sustraída, en base a una prez que se le solicitaba», apunta Fabián sobre esta curiosa costumbre. El «ladrón» devolvía la imagen al tercer día, cumpliendo así su promesa privada con el mismo Niño Dios.

La luz del solsticio y la dulzura de la fe

En el Nacimiento rememoramos la teofanía, una venida que ilumina el camino de esperanza en los días más cortos del año. Es una metáfora espiritual del solsticio de invierno, donde la luz crece y las tinieblas se achican progresivamente. Bajo la advocación del Dulce Nombre, inspirada por Santo Domingo de Guzmán, «al calor de su Nombre, todo se torna dulzura», embelesando el pensamiento del creyente.

Sin embargo, el desvelo que genera la idea de un niño perdido sigue siendo el reclamo espiritual más potente de esta escultura. El Niño nos recuerda que la pérdida se extiende a todas las edades del hombre, pues todos fuimos niños alguna vez. Fabián concluye que «la devoción ya olvidada del Niño Perdido es la que más desvelo y desasosiego genera en cualquier padre, o hijo que todos hemos sido».

Un legado que perdura en Santo Domingo

Hoy, la imagen sigue esperando en su retablo junto a la Alameda de Cristina, custodiada por la hermandad de la Oración en el Huerto. Aunque la devoción del silencio parezca cosa del pasado, la esencia de la tradición permanece viva en los muros del templo. Es un recordatorio de cómo el pueblo jerezano transformó la fe en costumbres que generaban seguridad en tiempos difíciles.

Primer plano de la escultura barroca del Dulce Nombre de Jesús en Jerez, imagen del siglo XVIII vestida con túnica de terciopelo granate bordada en oro, portando el orbe y el estandarte.
Dulce Nombre de Jesús © ArsNovaRestauraciones.es
La ternura infantil de sus rasgos favorece la diversidad de su devoción. El culto al Niño Perdido, es una de esas tradiciones olvidadas en Jerez.

Redescubrir al Dulce Nombre de Jesús es asomarse a una ventana de la historia local que merece ser preservada. Sus tradiciones, desde el robo del Niño hasta las promesas de las madres, forman parte del ADN cultural de nuestra ciudad. Es necesario proteger este patrimonio para que la memoria de Jerez no pierda su identidad más profunda en el tiempo.


¿Conocías la antigua costumbre de las madres jerezanas que caminaban en silencio total hasta llegar a la iglesia de Santo Domingo?


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