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La Epifanía o Adoración de los Reyes y «la carta de los Reyes Magos»

La Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús, también conocida como Epifanía, es un evento de gran significado en la tradición cristiana. En este momento, se representa la manifestación o revelación de Jesús como Dios a los hombres. Descubre más sobre la Adoración de los Reyes Magos, su representación artística y su importancia en la fe y devoción cristiana. ¡Que la luz de la estrella de Belén ilumine nuestro camino y nos guíe hacia la verdadera adoración!

La Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús es llamada también Epifanía, lo que significa “manifestación”, porque en ella se representa la manifestación o revelación a los Hombres de Jesús como Dios.

Aunque la escena de la Adoración de los Reyes es descrita en el evangelio de san Mateo, algunos de los detalles fundamentales que conforman esta historia fueron fijados a través de textos apócrifos, a la vez que se conformaron relatos literarios y autos sacramentales que durante la Edad Media fueron utilizados para dar pábulo a la piedad popular y crear una enriquecida devoción acerca del Nacimiento de Jesús como historia sagrada.

La tradición ha ido estableciendo una escena intensamente narrativa, configurando una iconografía basada tanto en el escueta historia evangélica, parca en descripciones, como en los textos apócrifos, muy ricos en contenidos y variedad narrativa.

En la estampa tradicional de la Adoración de los Reyes Magos, los tres reyes aparecen vestidos con ropajes ricos y suntuosos, a la turca, y portando los presentes en cofres y copones de oro. Se presentan así ante la Sagrada Familia que suele permanecer en el establo, donde nació el Niño. Mateo, sin embargo, en su evangelio dice como unos magos que venían de Oriente, siguiendo una estrella, ésta les llevó hasta donde estaba el Niño y “entraron en la casa, vieron al Niño con María su madre, y postrándose le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra” (Mt. 2, 11). El texto de Mateo no especifica cuando fue la visita, aunque dice que fue en Belén, ya no lo fue en el establo, porque dice que “entraron en la casa”. No especifica el número de Magos que realizaron el viaje, aunque la tradición los ha fijado en tres, como los dones que le presentaron: oro, incienso y mirra.

Ciertos datos conservados en la tradición popular y que son reflejados en la iconografía artística, tienen refrendo en los textos apócrifos y no en el del evangelista san Mateo. Textos apócrifos como el del Liber Infantia Salvatoris donde, por ejemplo, es el mismo José el que nos describe a estos Magos (cap. 89):

 “Creo que son unos adivinos pues efectivamente no están quietos un momento, siempre están observando y discutiendo entre sí. Y me parecen además forasteros, pues su vestimenta es distinta de la nuestra: su traje es amplísimo y de color oscuro. Finalmente tienen también birretes en sus cabezas y llevan sarabaras ceñidas en sus piernas”.

La escena de la Epifanía recoge a la Sagrada Familia: junto a San José, se representa a la Virgen María, normalmente como un maternal trono para el Niño. Debe aparecer la Estrella de Belén, pues es la que guió a los magos hasta el Niño y estos magos se representan como tres reyes con sus presentes en cofres bien adornados; esta es la constante iconográfica.

La figura de san José no se representa como el anciano que describen los evangelios (que es el modelo medieval de hacerlo), sino el hombre joven y sereno, pleno de fortaleza y observante de los designios de Dios, modelo que se redefine en el arte religioso desde el Concilio de Trento (siglo XVI). Su báculo debiera ser florido (según una tradición también apócrifa) haciendo referencia a su elección como el varón que desposara a María.

Los Tres Magos reproducen siempre la tipología que se ha hecho la tradicional. En el evangelio Armenio de la Infancia (cap. IX y X) se identifican a estos personajes como Reyes Magos, efectivamente en un número de tres y se dicen además sus nombres:

Eran tres hermanos: Melkhon, el primero que reinaba sobre los persas; después Baltasar, que reinaba sobre los indios, y el tercero Gaspar, que tenía en posesión el país de los árabes”.

La tradición religiosa ha interpretado la adoración de los Tres Reyes como la Epifanía de Dios ante la Humanidad representadas en las tres razas, una manera figurada de ser adorado por todo el Orbe: los hombres que desde las diferentes latitudes van a adorar al Niño. No han faltado teólogos que hayan querido ver, además, el asunto como la representación de las Tres Edades del Hombre: la juventud, la madurez y la senectud, y así recomendaron su representación pero no ha sido un esquema sistemáticamente aplicado.

Los Reyes Magos siempre fueron representados bajo un alo de exotismo orientalizante, y su comitiva participa de excesos y exhuberancias como joyas, ropajes bordados, pajes con caballos y camellos. Se termina componiendo una escena inspirada, fundamentalmente, en la iconografía barroca, pero también romántica, y que es la que se impone desde los siglos XVIII y XIX en los belenes italianos, esencialmente napolitanos, y que se exporta a la tradición española del belén con la Corona de Borbón procedente de Nápoles y Sicilia desde finales del siglo XVIII. En esta costumbre belenista, nuestra ciudad de Jerez de la Frontera se ha hecho un hueco conservando y desarrollando una tradición artesanal donde una pequeña ciudad de Belén es reconfigurada cada año en nuestros hogares. Un belén donde el Niño no nace en las Tierras de Palestina, sino en lugares inspirados en la tradición arquitectónica española, islamizada, romanizada, o simplemente rural de callejas y casas blancas, buscando la poesía y el encanto mágico de la ruina y lo popular, forzando una atemporalidad sincrética inspirada en el pasado.

En el citado evangelio Armenio de la Infancia, se cuenta, además, como estos Magos manifestaban ser depositarios de una carta, de un testimonio escrito que ha sido  llamado como el “Libro de Set” y que estos Reyes recibieron de padres a hijos desde Adán y que portaron hasta Belén, entregándolo al Niño Dios. En dicho evangelio apócrifo los mismos reyes lo cuentan de este modo:

“después que Adán fue expulsado del paraíso y después que Caín hubo matado a Abel, el Señor dio a nuestro primer padre un hijo en consolación llamado Set, y con él entregó aquella carta escrita, firmada y sellada de su misma mano. Set la recibió de su padre y se la transmitió a su hijos. Estos a su vez se lo transmitieron a los suyos, y así fue de generación en generación. Todos hasta Noé recibieron la orden de guardarla con todo cuidado. Este patriarca se la entregó a su hijo Sem, y los hijos de éste la retransmitieron a sus descendientes, quienes a su vez se la entregaron a Abrahán. Éste se la dio a Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Altísimo, por cuyo conducto llegó a poder de nuestro pueblo en tiempos de Ciro, rey de Persia. Nuestros padres la depositaron con toda clase de honores en un salón especial, y así llegó hasta nosotros, quienes, gracias a este escrito misterioso, vinimos de antemano en conocimiento del nuevo monarca, hijo de Israel”.

Y el rey Melkhon tomó el libro del Testamento que conservaba en su casa como legado precioso de sus antepasados, según ya dijimos, y se lo presentó al niño diciéndole: “Aquí tienes la carta sellada y firmada por tu misma mano que tuviste a bien entregar a nuestros mayores para que la guardaran. Toma este documento que tú mismo escribiste. Ábrelo y léelo, pues está a tu nombre”.

Esta tradición acerca de La Carta de Set, nunca fue objeto de representación iconográfica en el arte, pero sí fue conservada como costumbre en la carta de deseos de los hombres que, redactada todos los años, entregamos a los Reyes de Oriente esperando que nuestros deseos, por fin, puedan ser satisfechos y mágicamente concedidos.


Referencias fotos:

  • (1) Adoración de los Magos. Francisco de Zurbarán, 1639. Museo de Pintura y Escultura de Grenoble, Francia. Formaba parte del retablo Mayor de la iglesia de la Cartuja de la Defensión de Jerez de la Frontera. Zurbarán realizó este cuadro junto a otras escenas de la Vida de Jesús y la Batalla del Sotillo en un retablo ensamblado por el gaditano Saavedra y el conjunto escultórico realizado el escultor flamenco José de Arce. Las vicisitudes de las pinturas a partir de la selección como obra para el Museo de Napoleón, determinó el desmembramiento del conjunto. Aunque fue devuelto en 1814, fue expuesto en Madrid, regresando por un corto período de tiempo a su lugar original hasta que fue vendido por el gobierno de Mendizabal en 1837 para el rey Luis Felipe de Francia.
  • (2) y (3) Belén (vista parcial). Museo del Belén, Jerez de la Frontera. Sala principal. El conjunto de belenes que se exponen en el Museo del Belén es amplio y variado, configurando modelos que recrean las formas tradicionales de los belenes andaluces, napolitanos y venecianos, con otros más modernos donde se reproducen por los nuevos belenistas escenas del costumbrismo del Jerez antiguo junto con la chanza de la chiquillería y las tradiciones más navideñas como cabalgatas y zambombas que acompañan al nacimiento de Jesús. Una tradición por lo tanto aún muy viva y readaptada desde un sustrato común: recrear el nacimiento del Niño cada año.
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Fuente Gobierno de Mendizabal
Vía Belén