La profunda transformación del antiguo Paseo de Capuchinos hacia la moderna avenida Álvaro Domecq encierra la memoria emocional, paisajística y social más rica del norte de Jerez de la Frontera. Este emblemático enclave urbano evolucionó desde sus humildes orígenes camineros en el siglo XVIII hasta consolidarse definitivamente como la arteria más señorial y representativa de nuestra ciudad gaditana, un recorrido inolvidable por nuestra historia local.

Orígenes y evolución histórica del paseo
El primitivo trazado del paseo comenzó a tomar forma en 1784 mediante la construcción de un tramo carretero provisto de barandas de madera a la altura del Mamelón. Aquellas primeras protecciones de madera que separaban los carruajes del tránsito peatonal sufrieron un destino insólito durante el invierno de 1810 cuando las tropas españolas del duque de Alburquerque las quemaron para calentarse en su retirada frente al ejército francés.
La plantación de diversas especies arbóreas iniciada en 1817 buscaba embellecer el entorno para la visita real de las infantas de Portugal. Sin embargo, las exigencias estéticas obligaron a arrancar dichos ejemplares 7 años después para acometer reparaciones de calado en los accesos urbanos. La arboleda definitiva quedó fijada en 1852 bajo la alcaldía de don José Barba y Mateo, cuyos centenarios ejemplares supervivientes perduraron hasta la apertura urbanística de la avenida Álvaro Domecq en 1957, un hito que bien merece un lugar destacado en nuestra agenda de efemérides.

¿Cómo era la vida cotidiana en el antiguo paseo jerezano?
El historiador Joaquín Portillo describió en su obra de 1839 un paraje bellísimo jalonado por huertas, norias y 800 pasos de longitud sobre la campiña circundante. La entrada norte de Jerez se convertía así en un remanso de paz donde el aire puro y la densa vegetación saludaban a los viajeros procedentes de la vecina Sevilla.
Asimismo, las edificaciones señoriales y los palacetes ocultos entre espesa arboleda definieron muy pronto el carácter residencial de la zona. En consecuencia, la todavía conservada Villa Elena y la antigua clínica del prestigioso doctor José Girón Segura marcaron hitos médicos e históricos de gran relevancia nacional. Precisamente en aquel mismo centro sanitario descansó brevemente el 10 de junio de 1948 el célebre descubridor de la penicilina y premio Nobel Sir Alexander Fleming tras ofrecer declaraciones radiofónicas a través de Radio Jerez.

¿Qué misterios ocultaban los terrenos y huertas colindantes?
Los antiguos viveros municipales situados donde hoy se levanta el Instituto Padre Luis Coloma aportaban verdor y vida agrícola a un entorno dominado por la tranquilidad. Justo enfrente, la plana mayor de la Yeguada Militar ocupaba los solares donde actualmente se alza una moderna urbanización de chalets residenciales antes de su traslado definitivo al Cortijo de Vicos.
La legendaria Huerta de la Verbena protagonizó uno de los episodios más pintorescos del contrabando local tras la pérdida colonial de Cuba y la escasez tabaquera de finales del siglo XIX. Un grupo de contrabandistas estableció allí su base logística para introducir alijos procedentes de Gibraltar mediante un método insólito y nocturno basado en el uso de perros adiestrados que portaban la mercancía clandestina sobre sus lomos directamente hasta los domicilios jerezanos.
¿Qué recuerdos perduran en la memoria colectiva del paseo?
La popular huerta de las lechugas situada junto a la actual plaza del Caballo ofrecía a los viandantes el premio reconfortante de degustar hortalizas frescas regadas con agua de pozo tras cumplir la costumbre piadosa de visitar el cercano cementerio de Santo Domingo. La rústica venta de Benjamín, presidida por el busto de don Julio González Hontoria, invitaba al descanso entre buganvillas mientras el aroma de los barquillos de canela y los pirulís de la Habana inundaba las tardes dominicales.
Los románticos jardines de la Rosaleda, con sus pérgolas clásicas y estatuas evocadoras, sirvieron de refugio íntimo para innumerables parejas de enamorados bajo una frondosa cubierta vegetal. Aquella estampa bucólica donde el silencio solo era interrumpido por el trote de los coches de caballos o el paso esporádico de algún viejo automóvil forma ya parte imborrable de la intrahistoria jerezana.
¿Qué sensaciones despierta hoy contemplar la avenida más elegante de la ciudad?
Fuente documental y de investigación histórica: blog de Antonio Mariscal Trujillo.
[Foto de cabecera: IA para Gemini / jerezsinfronteras.es]
Ver esta publicación en Instagram
