51 multas de orines evidencian el colapso del centro. La exención de la tasa de la zambomba fomenta la masificación. Urgen medidas drásticas de descentralización.

El dato es incontestable y actúa como espejo de una crisis que el Gobierno local se esfuerza en maquillar: La Policía Local de Jerez impuso 51 sanciones por miccionar en la vía pública durante el pasado puente de las Zambombas.  Esta cifra, si bien parece elevada, es una mera anécdota ante la realidad que atestiguan los vecinos y que denunciamos sin descanso desde este medio: son, en realidad, muy pocas sanciones para la magnitud de un problema que ha transformado una tradición centenaria en un «Zambombón» insostenible.

El reciente comunicado municipal, que se ha esforzado en defender que la exención de la tasa de la zambomba por su celebración es un acuerdo histórico de 2011, solo ha servido para poner el foco en la ineficacia de la gestión actual. La Navidad de Jerez se debate hoy entre el fervor de la fiesta y la pesadilla de la salubridad, el ruido y la convivencia. La alegría de la celebración no puede ser la excusa para el incivismo y la degradación de nuestro patrimonio.

La peligrosa sinergia: Tasa Cero + Falta de Aseos = Botellón

La raíz del problema no es la exención de la tasa de la zambomba per se, no es el cobro, sino la falta total de control y planificación. Al eliminar la barrera económica de la tasa de ocupación (vigente desde 2011), se incentiva de forma directa la proliferación descontrolada de eventos, convirtiendo la tradición en un negocio de saturación y beneficio rápido para unos pocos. La consecuencia directa es el colapso que vivimos en un solo día, con cerca de medio centenar de zambombas simultáneas en un centro histórico que está, objetivamente, colapsado y que no posee la infraestructura necesaria para tal impacto.

La combinación es letal y de una irresponsabilidad manifiesta para un Bien de Interés Cultural (BIC) como nuestro centro:

  • Proliferación Masiva (por Tasa Cero): Un exceso de eventos atrae a miles de personas de forma desordenada.

  • Botellón Descontrolado: La permisividad con el consumo de alcohol en la calle, en conjunción con la ausencia de alternativas reguladas, se suma a la falta de infraestructura.

  • Crisis Sanitaria y de Convivencia: Cincuenta multas de 100€ por miccionar no son un elemento disuasorio, sino la prueba fehaciente de la falta de aseos públicos suficientes y, por ende, del abandono de la salubridad en las zonas más concurridas.

Tal como ya mencionamos desde jerezsinfronteras.es en otro artículo, El Centro Histórico gime bajo el Zambombón: Cuando un BIC asfixia a sus propios vecinos, la imagen de las Zambombas queda empañada por los orines, las heces, los restos de basura y el ruido que no cesa hasta altas horas de la madrugada, mientras el Ayuntamiento se limita a defender la historia de una exención de la tasa de la zambomba que, hoy por hoy, es un factor agravante de la crisis. Es urgente asumir que lo que fue una medida de apoyo a la cultura se ha convertido en una carta blanca para el descontrol.

Soluciones drásticas: El Ayuntamiento debe elegir

Si la Zambomba quiere sobrevivir como Bien de Interés Cultural y no como una mala broma de la masificación y el caos, la solución pasa por una descentralización valiente y una regulación estricta e inmediata. El tiempo de las soluciones urgentes ya ha pasado. Estamos en el tiempo de las medidas drásticas que requieren altura de miras y el Ayuntamiento debe tomar una decisión que anteponga el bienestar de los jerezanos y la protección del patrimonio a cualquier otra consideración.

La clave reside en sacar el «mogollón» comercial y de bajo valor artístico de la vía pública y llevarlo a recintos capaces de absorber el impacto sin destrozar la vida vecinal:

  • Estadio Chapín: Que se convierta en el gran espacio del «Zambombón» comercial y multitudinario. Es el lugar ideal para acoger a las miles de personas que solo buscan una fiesta masiva. Así se respeta el espíritu económico sin destrozar el patrimonio histórico-artístico.

  • Plaza de Toros: Un espacio magnífico para organizar Zambombas de alto nivel artístico, controlando el aforo de manera estricta y profesional mediante la venta de entradas.

Simultáneamente, es crucial volver a proteger a los vecinos y el formato original e íntimo de la Zambomba, aquel que realmente la hizo BIC:

  • Regulación de aforos rigurosa: Las plazas céntricas y pequeñas, especialmente aquellas rodeadas de viviendas, deben tener límites de aforo infranqueables y efectivos. El concepto de Zambomba debe volver a ser íntimo y controlado, y no un Zambombón abierto al botellón y al descontrol.

  • Incentivos a patios y peñas: Es vital apoyar económicamente a las comunidades de vecinos y peñas que sigan manteniendo la tradición dentro de sus recintos privados y patios de vecinos, ofreciendo la experiencia auténtica y de calidad frente a la burda imitación callejera. Esta es la esencia que merece ser conservada.

La Zambomba es patrimonio, nadie lo duda. Pero el bienestar de sus guardianes, los vecinos del centro, es un derecho fundamental que el Ayuntamiento está obligado a proteger. El Gobierno local debe elegir: o protege a sus ciudadanos y salva la esencia de la tradición con descentralización urgente y control de licencias, o permite que el Zambombón se coma a Jerez, convirtiendo nuestro corazón histórico en un hermoso pero inhabitable decorado de cartón piedra. El problema ya no es la exención de la tasa de la zambomba, sino la inacción ante sus consecuencias.

Imagen generada con IA

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