La gesta menos conocida de Jerez: custodiar la fortaleza de Baza (1489). Un honor real que consagró a las tropas jerezanas como vanguardia de Castilla.

La historia de Jerez de la Frontera está repleta de gestas militares que forjaron su identidad, pero pocas son tan honrosas y a la vez tan poco conocidas como la participación de sus soldados en el final de la Reconquista. La clave de esta hazaña se encuentra en un apunte conciso, pero trascendental, conservado en el Archivo Municipal: el rol crucial de los jerezanos en la toma de Baza de 1489. Este evento no solo marcó un hito en la Guerra de Granada, sino que consagró a la ciudad del Guadalete como vanguardia militar de la Corona de Castilla.

El día de la Gloria: 4 de diciembre de 1489

La Guerra de Granada, librada por los Reyes Católicos contra el reino nazarí, estaba llegando a su fin, y la rendición de Baza, una ciudad clave defendida por El Zagal, era inminente. El asedio había sido largo y costoso. Finalmente, el 4 de diciembre de 1489, la ciudad cayó en manos cristianas. Pero la verdadera distinción para Jerez no fue solo participar en el asedio, sino el encargo que le fue encomendado a la ciudad inmediatamente después.

El rey Fernando el Católico, en un gesto de máximo reconocimiento a la lealtad y al arrojo de las tropas jerezanas, tomó una decisión sin precedentes: dejó la custodia de la fortaleza de Baza a un contingente de 300 jerezanos. Esta no era una guarnición cualquiera; era el grupo elegido para asegurar la joya recién conquistada, el símbolo de la caída del reino enemigo en el oriente andaluz.

El Pendón y Pedro Suárez de Toledo: Símbolos de un Homenaje Real

Al frente de este grupo de élite se encontraba Pedro Suárez de Toledo, el Alférez Mayor de Jerez. Su cargo no era menor: el Alférez Mayor tenía el honor de portar el Pendón, el estandarte militar de la ciudad, en la batalla. Que Fernando el Católico permitiera que el Pendón de Jerez ondeara sobre la fortaleza recién tomada de Baza, custodiado por el propio Pedro Suárez de Toledo y los jerezanos en la toma de Baza de 1489, fue un «homenaje rendido a nuestras armas«, tal y como lo recogen los archivos.

Este gesto real fue una declaración pública del prestigio militar que la ciudad se había ganado en el campo de batalla. Las crónicas señalan que las armas de Jerez «fueron siempre las primeras mientras hubo moros en España», una hipérbole que refleja el papel constante y valeroso de las milicias concejiles jerezanas en la frontera con el reino de Granada.

La trascendencia de una custodia estratégica

La caída de Baza fue mucho más que una victoria territorial; desmoralizó al enemigo y precipitó la rendición de otras ciudades importantes como Almería y Guadix, allanando el camino para la toma final de Granada en 1492. La misión de los jerezanos en la toma de Baza de 1489 no fue simplemente de guardia; fue una misión de seguridad estratégica en un territorio volátil que recién se incorporaba a la Corona. Mantener la paz y la autoridad en Baza era fundamental para consolidar las conquistas.

Los 300 hombres y su Alférez Mayor representaron a Jerez en un momento cumbre de la historia de España. Su servicio en Baza es un testimonio de cómo la ciudad, a través de sus nobles y sus milicias, participó activamente en la construcción del estado moderno de los Reyes Católicos, dejando una huella imborrable en los anales de la Reconquista.


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