Descubre la vida y el legado legal de Cathalina Josepha, una negra libertina en Cádiz que desafió las normas sociales del siglo XVIII.
Fotografías: Archivo Histórico Provincial de Cádiz.
El testamento dorado de Cathalina Josepha: una mujer libre en la Andalucía del siglo XVIII
El Archivo Histórico Provincial de Cádiz (AHPC) custodia un documento excepcional que redefine nuestra visión del siglo XVIII: el testamento de Cathalina Josepha, negra libertina otorgado en el año 1726. Esta increíble joya documental desvela la vida de una mujer que rompió barreras coloniales, acumuló bienes propios y dejó un legado de dignidad grabado en papel notarial. Conoce cómo gestionó su libertad y sus riquezas en una época de profundas desigualdades en nuestra provincia.
El hallazgo en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz

La historia oficial suele olvidar a las mujeres de origen africano, relegándolas al anonimato absoluto. Sin embargo, los protocolos notariales conservan testamentos que actúan como auténticas ventanas al pasado. El expediente de Cathalina Josepha destaca con luz propia entre miles de legajos antiguos.
El documento original se firmó el 23 de mayo de 1726. Es el día exacto en el que Cathalina Josepha, sintiéndose enferma pero en su «sano juicio», acude ante el escribano público en la ciudad de Cádiz para dictar este testamento. Cada 23 de mayo se cumple el aniversario directo de este histórico acto de afirmación jurídica y personal de una mujer afroandaluza.
El Archivo de Cádiz ha rescatado este manuscrito para devolverle el lugar que merece en la historiografía andaluza. Su digitalización y estudio abren debates cruciales sobre la movilidad social en la Andalucía moderna.
«Negra libertina, vecina de esta ciudad y natural de Cabo Verde»
Las primeras líneas del testamento establecen la identidad jurídica y el origen geográfico de la testadora de forma contundente. El texto manuscrito reza textualmente: «En el Nombre de Dios Nuestro Señor… sea notorio como yo Cathalina Josepha, negra libertina, vecina de esta ciudad y natural de Cabo Verde, viuda de negro…».
La palabra «libertina» se utilizaba en los siglos XVII y XVIII como sinónimo estricto de mujer horra o liberta. Esto significa que Cathalina había obtenido legalmente su libertad, ya fuera por manumisión comprada o concedida por sus antiguos amos.
Su origen en Cabo Verde conecta directamente a la bahía gaditana con las rutas atlánticas de la época. Este archipiélago africano era un punto neurálgico del comercio transatlántico y de la dispersión de la población subsahariana hacia la península ibérica.
Su pasado en el Valle de la Paloma y la devoción religiosa

El testamento desgrana aspectos íntimos de su vida anterior y sus deseos para el momento de su fallecimiento. Cathalina recuerda con precisión los lugares que marcaron su existencia precaria y su posterior estatus de libertad.
En el manuscrito se lee: «Mando que mi cuerpo se dé sepultura en la iglesia que pareciere… de la Paloma de que he sido esclava, de cuyo cariño de mi amo se costeará mi entierro». Esta mención vincula su biografía a las devociones e historias de las cofradías de la época.
La fe católica impregna cada cláusula de su última voluntad. Cathalina declara encontrarse «en mi sano juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo como firmemente creo en el altísimo y soberano misterio de la Santísima Trinidad».
Albaceas de confianza y misas por su alma
Para asegurar el cumplimiento de sus mandas, nombró como albacea testamentario a un militar de alto rango de su misma comunidad. El documento detalla: «Nombro por mi albacea testamentario al referido Joseph Espejo, coronel de la compañía de morenos de esta plaza».
Esta mención prueba la existencia de milicias organizadas de hombres negros libres en la plaza de Cádiz durante el siglo XVIII. Joseph Espejo poseía la autoridad y el prestigio necesarios para defender los bienes de Cathalina tras su muerte.
La testadora ordenó que sus bienes se convirtieran en dinero líquido para sufragar su salvación espiritual. Dejó estipulado que se dijeran «misas por mi alma, hasta en lo que alcanzare, al respecto de tres reales de vellón por cada una».
El inventario de sus bienes: ropa fina y sarsillos de oro
Lejos de la indigencia que la sociedad colonial imponía a los libertos, Cathalina Josepha poseía un ajuar doméstico y personal de considerable valor. El escribano anotó detalladamente cada prenda de vestir y objeto de valor que poseía en su vivienda.
El inventario de sus ropas demuestra un gusto refinado y un nivel económico estable. El texto describe textualmente que poseía: «Una saya de paño de color nuevo, un manto de tafetán, unas naguas de calamaco, cuatro camisas, tres corpiños…».
El tafetán y el calamaco eran tejidos selectos importados que denotaban estatus social en la España urbana. Vestir estas telas era un símbolo externo de éxito, respeto y absoluta diferenciación respecto a la población que aún permanecía bajo la esclavitud.
El misterio de los «sarsillos de oro» empeñados

La sección más sorprendente del patrimonio de Cathalina revela sus actividades financieras y sus posesiones más valiosas. La libertad le permitía realizar transacciones comerciales y poseer metales preciosos de forma legal.
El documento jurídico declara de forma explícita: «Declaro tengo en mi poder en empeño unos sarsillos de oro y perlas, con un pendiente entre ambos, los que pertenecen a Sebastiana Candelaria, negra…». Los «sarsillos» u pendientes representan un patrimonio móvil común entre las mujeres de la época.
Este pasaje demuestra la existencia de una red de solidaridad y microcréditos entre mujeres negras afincadas en la provincia. Cathalina actuaba como prestamista o depositaria de confianza para otras mujeres de su entorno social más cercano.
«Declaro que no debo ni me deben cosa alguna»
Hacia el final de su declaración, Cathalina Josepha se encarga de dejar sus cuentas terrenales completamente saneadas. La pulcritud en sus finanzas era fundamental para evitar litigios posteriores que empañaran su memoria.
El documento recoge la fórmula legal: «Declaro que no debo ni me deben cosa alguna, y así lo manifiesto para que conste». Con esta afirmación, protegía a sus albaceas y aseguraba que el destino de su herencia fuera íntegramente a las misas comunitarias.
El testamento concluye revocando cualquier disposición anterior: «Revoco y doy por de ningún valor ni efecto otras cualesquiera disposiciones que antes de esta haya hecho». Su última palabra quedaba sellada con validez jurídica absoluta.
El impacto de Cathalina Josepha en la historia de la provincia
La vida de Cathalina Josepha nos obliga a repensar la diversidad demográfica de la bahía y de toda la provincia de Cádiz en el siglo XVIII. La presencia de población libre de origen africano era una realidad palpable en los barrios históricos de nuestras ciudades.
Documentos como este demuestran que los libertos no solo consiguieron sobrevivir, sino que prosperaron, tejieron redes comerciales y utilizaron las herramientas legales del Estado absolutista para proteger su dignidad. Cathalina Josepha no fue una víctima pasiva de su tiempo, sino una mujer con plena capacidad de decisión.
Su testamento es un monumento a la resistencia cultural y económica que hoy enriquece nuestra historia local. Su nombre y su legado de oro y tafetán permanecen vivos gracias a las páginas de nuestro archivo provincial.
¿Qué otros secretos crees que ocultan los archivos notariales de nuestra provincia sobre las mujeres olvidadas del siglo XVIII?
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