El consumo de castañas asadas en Jerez de la Frontera responde a una costumbre centenaria vinculada estrechamente al otoño y al sustento popular. Esta tradición combina el origen agrícola de las sierras andaluzas con la venta ambulante en las clásicas locomotoras metálicas. La actividad arranca a finales de septiembre en los puntos más concurridos del centro histórico.
El origen del pan de los pobres en Andalucía
La castaña constituyó la base de la alimentación campesina en el sur de Europa durante varios siglos. Antes de la llegada de la patata y el maíz desde América, el pueblo dependía por completo de este fruto. Se consumía cocido o asado como la fuente principal de carbohidratos en los meses fríos. Por su gran abundancia y bajo coste, la sociedad terminó bautizándola como el pan de los pobres.
Las familias del campo aprovechaban la recogida del producto en zonas cercanas como la Serranía de Ronda y el Valle del Genal. Tostarlas al carbón era la mejor fórmula para conservar el fruto, suavizar su textura e intensificar su sabor.
¿De dónde viene la tradición de vender castañas asadas en la calle?
La venta ambulante de castañas en las ciudades comenzó a consolidarse a lo largo del siglo XIX. Con el éxodo rural hacia los núcleos urbanos, los campesinos trasladaron sus costumbres a las calles jerezanas. Los trabajadores informales montaron los primeros braseros de cisco para ofrecer un alimento caliente, económico y rápido de consumir.
Pronto, la figura de la castañera se convirtió en un elemento inseparable del paisaje urbano. Las familias instalaban sus puestos en esquinas estratégicas para conseguir unos ingresos extra durante la temporada.
El uso del carbón de encina y la sal gorda terminó de perfeccionar la técnica del asado callejero. Un pequeño corte previo en la piel evita que la castaña explote al recibir el calor directo del fuego. El tueste lento ablanda la carne y permite pelarla con suma facilidad. Servidas en los tradicionales cucuruchos de papel, mantenían el calor mientras la gente paseaba por el centro.
Las míticas locomotoras del centro histórico de Jerez
Con el paso del tiempo, el mobiliario urbano evolucionó con la llegada de las estufas metálicas cilíndricas. Jerez adoptó rápidamente estos recipientes, conocidos popularmente como locomotoras por el denso humo que expulsan sus chimeneas.
Los puestos más emblemáticos se ubican en puntos estratégicos como la Alameda Cristina, la Calle Larga y la Plaza del Arenal. Lugares donde el aroma del carbón se mezcla a diario con el ajetreo del comercio local.
Si tras conocer sus raíces y el arraigo popular en la zona te apetece preparar este manjar en casa, puedes seguir todos los pasos en la receta de las castañas asadas caseras.
¿Por qué hay puestos de castañas en Jerez a 36 grados?
La presencia de los castañeros a finales de septiembre genera cierta sorpresa por las altas temperaturas que registra la ciudad. Los termómetros rozan fácilmente los 36 ºC en jornadas de viento de levante, pero las locomotoras ya están encendidas.
La explicación es puramente comercial. La recolección de la castaña temprana en la sierra obliga a abrir la temporada de inmediato para vender la fruta fresca. Además, las concesiones municipales fijan fechas estrictas de ocupación desde finales de septiembre.
A pesar del calor, los jerezanos mantienen la compra de impulso al caer la tarde, cuando la temperatura da un respiro en el casco antiguo. La tradición vuelve a imponerse al termómetro una vez más.
¿Sueles comprar un cucurucho de castañas aunque el calor apriete en las calles del centro?
[Foto: IA para Gemini / jerezsinfronteras.es]
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