Descubre las actas capitulares de Jerez del siglo XV y cómo el juego del tablero financiaba el Castillo de Tempul.

El azar al servicio de la corona: cuando el juego del tablero reconstruyó Jerez en 1455

Las paredes del Archivo Municipal de Jerez custodian un tesoro que va mucho más allá de simples legajos amarillentos por el paso de los siglos. Entre sus estantes, las actas capitulares de Jerez del siglo XV se revelan como una ventana indiscreta hacia la vida cotidiana de una ciudad que era frontera y baluarte. No son solo registros administrativos, sino relatos vibrantes donde la picaresca, la devoción y la necesidad de defensa se entrelazan de forma sorprendente. En febrero de 1455, un acta en particular nos narra una historia fascinante sobre cómo el vicio del juego se convirtió en el motor económico para la piedra de nuestras fortalezas.

Un plan para blindar el patrimonio jerezano

La gestión de una ciudad de frontera en el medievo requería de una creatividad financiera que hoy nos resultaría asombrosa. Los caballeros veinticuatros y regidores de Jerez se enfrentaban a un dilema constante: la falta de fondos para mantener las infraestructuras militares. En aquel invierno de 1455, la prioridad absoluta era la reparación del Alcázar y el mantenimiento del estratégico Castillo de Tempul. Estas fortalezas no eran solo símbolos de poder, sino la garantía de supervivencia para una población que vivía bajo la sombra constante de las incursiones granadinas.

El documento nos cuenta que, inicialmente, se pensó en un arrendamiento de tan solo seis meses para recaudar lo necesario. Sin embargo, la magnitud de las obras en el Castillo de Tempul obligó al concejo a replantearse los plazos y la gestión del dinero. Decidieron entonces ampliar el periodo de recaudación a once meses, comenzando aquel mismo primero de febrero. Para asegurar que cada maravedí llegara a su destino, el corregidor debía nombrar a un regidor o jurado que supervisara las obras diariamente. Este supervisor cobraría un salario de veinte maravedís por jornada de trabajo, una cifra que demuestra la importancia del control sobre el gasto público.

El polémico «impuesto al vicio» en el medievo

¿De dónde saldría este flujo de dinero tan necesario para las almenas y los muros? La respuesta se encontraba en la «renta del tablero», un impuesto que gravaba el juego en la ciudad. El tablero era una actividad socialmente aceptada pero moralmente cuestionada, donde los dados y la estrategia decidían la suerte de los participantes. El concejo jerezano vio en esta pasión popular una fuente de ingresos imbatible, una forma de convertir el ocio en seguridad para todos. Arrendar esta renta significaba que un particular pagaba una cantidad fija al ayuntamiento a cambio del derecho a cobrar las tasas por cada partida jugada.

Este sistema de financiación generó un debate intenso en la sala capitular, reflejando las tensiones entre la ética religiosa y la necesidad de Estado. La decisión de utilizar el juego para fines militares no fue unánime, lo que nos permite observar la pluralidad de opiniones en el Jerez de hace seis siglos. Resulta fascinante comprobar cómo la estructura administrativa de la época ya preveía mecanismos de control, sustituyendo a gestores si no cumplían con las expectativas del concejo. La eficiencia era ya entonces una preocupación para quienes gobernaban los destinos de la ciudad.

Fotografía del manuscrito original de las Actas Capitulares de Jerez de 1455, escrito en castellano antiguo, donde se detalla el impuesto al juego del tablero para financiar las reparaciones del Alcázar y el Castillo de Tempul.
Folio de las Actas Capitulares de Jerez, fechado el 1 de febrero de 1455, que muestra el acuerdo del concejo sobre la renta del tablero y la mención a las blasfemias de los jugadores.

La voz de la conciencia frente a las arcas públicas

No todos los presentes en la reunión de aquel febrero de 1455 estaban de acuerdo con que el dinero «sucio» del juego reparase los muros del Alcázar. El acta recoge la firme oposición de Álvaro Betos, quien se desmarcó del acuerdo general con una contundencia que todavía resuena en el papel. Para Betos, el tablero no era solo un pasatiempo, sino una fuente de pecado donde «se blasfemia el nombre de Dios». Su protesta no era baladí; en una sociedad profundamente teocéntrica, aceptar dinero proveniente de un lugar donde se proferían insultos a la divinidad era un riesgo espiritual.

Esta objeción obligó al concejo a introducir una cláusula de moralidad en el contrato de arrendamiento de la renta. No podían renunciar al dinero, pero sí intentar limpiar el ambiente donde se generaba. Así, establecieron que cualquier jugador que renegase o blasfemase durante la partida sufriría una «cierta pena» o multa pecuniaria. La responsabilidad de denunciar estos hechos recaía directamente sobre el tablajero, el encargado de las mesas de juego. Si este último callaba u ocultaba las blasfemias de sus clientes, él mismo debía pagar la sanción de su propio bolsillo.

La relevancia de las actas capitulares de Jerez del siglo XV

Estudiar las actas capitulares de Jerez del siglo XV nos permite entender que los problemas de hoy no son tan distintos de los de ayer. La búsqueda de fondos para la cultura y el patrimonio, la lucha contra los vicios sociales y la necesidad de transparencia administrativa ya estaban presentes en 1455. El Castillo de Tempul, que hoy languidece en el recuerdo de muchos, fue una vez la joya que se protegió con el sudor de los jugadores de tablero. Estas crónicas nos devuelven la humanidad de unos antepasados que, entre dados y plegarias, construyeron la ciudad que hoy pisamos.

El Archivo Municipal sigue siendo un cofre de sorpresas que espera ser explorado por investigadores y curiosos. Cada folio de estas actas es un fragmento de nuestro ADN colectivo que merece ser divulgado con rigor y cercanía. Gracias a estos registros, sabemos que Jerez siempre supo encontrar la manera de levantarse, incluso cuando los recursos escaseaban. La historia de la renta del tablero es solo un ejemplo de la riqueza narrativa que esconden nuestros fondos documentales. Invitamos a todos los jerezanos a valorar este legado que nos habla de quiénes fuimos para comprender mejor quiénes somos.

Preguntas frecuentes sobre el Jerez medieval y sus documentos

¿Qué eran exactamente las actas capitulares? Eran los registros oficiales donde se anotaban todos los acuerdos, debates y decisiones tomadas por el concejo de la ciudad. Gracias a que Jerez conserva actas del siglo XV, podemos conocer detalles íntimos de la gestión pública y la vida social de la época con una precisión asombrosa.

¿En qué consistía el «juego del tablero» mencionado en los textos? Aunque el término era genérico, solía referirse a juegos que implicaban el uso de dados y tableros, similares al actual backgammon o al alquerque. Eran actividades muy populares en las tabernas jerezanas, pero el Estado los gravaba con impuestos para financiar obras públicas urgentes.

¿Por qué era tan importante el Castillo de Tempul para Jerez? El Castillo de Tempul era vital para Jerez porque protegía el manantial de agua que abastecía a la ciudad. Mantener su estructura en buen estado era una cuestión de seguridad vital para los jerezanos, de ahí que se usaran ingresos extraordinarios para sus reparaciones.

¿Cómo se castigaba la blasfemia en las mesas de juego? Según el acta de 1455, se imponían multas económicas. Lo más curioso es que si el encargado del juego (el tablajero) no denunciaba al jugador que maldecía, era el propio encargado quien debía pagar la multa, obligándolo a actuar como vigilante moral del concejo.

Créditos de imagen: La ilustración de cabecera ha sido diseñada mediante inteligencia artificial por Gemini (Google) específicamente para este artículo. La imagen del manuscrito original pertenece al fondo documental del Archivo Municipal de Jerez.


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