La polémica de Don Giovanni en el Teatro Villamarta provoca el abandono de una parte del público por su violencia explícita.


En esta ilustración a pluma, la directora Marta Eguilior reimagina el clímax de la ópera como una poderosa declaración sobre el abuso y la justicia, mostrando a Don Giovanni atrapado por sus propios crímenes mientras la audiencia del Teatro Villamarta comienza a abandonar la sala. Imagen generada mediante inteligencia artificial por Gemini para jerezsinfronteras.es.


División en Jerez por el polémico Don Giovanni del Villamarta

Una parte del público del Teatro Villamarta mostró su disconformidad en el estreno de Don Giovanni este viernes. La impactante propuesta de la directora Marta Eguilior, que muestra al mito musical como un violador despiadado, provocó el abandonó de un sector de espectadores en el descanso.

Un choque frontal entre la música y la escena

La obra cuenta con un único hilo musical inalterable escrito por Mozart. Sin embargo, la dirección escénica rompió radicalmente con el texto clásico que disfraza al protagonista de seductor. «Desaparece el Don Juan al que las mujeres seducen para aparecer como un violador», denuncian algunos de los asistentes indignados por la distorsión del libreto original.

La propuesta fulmina la tradicional comedia italiana y expone la crudeza del abuso. Esta «desconexión entre la música alegre y la violencia visual» generó un profundo malestar en parte de las butacas. Algunos de los espectadores no toleraron esta libre interpretación que modifica la verdadera esencia de los personajes de la obra.

Una mujer colgada del techo desata la indignación

El horror visual comenzó desde los primeros compases de la obertura. El telón se levantó desvelando una impactante puesta en escena donde aparecía «una mujer colgada del techo», confirmando las peores expectativas del público. La escenografía presentaba cuatro cráneos gigantes en un ambiente asfixiante y fúnebre.

Esta agresión visual desprovista de cualquier elegancia clásica restó asistentes al aforo a mitad de la función. «Después del descanso muchos de los asistentes abandonaron el teatro», relatan los testigos sobre la marcha de espectadores el viernes. El coliseo jerezano vive así uno de sus fines de semana más controversiales y debatidos del año.


¿Debe la dirección de escena actual respetar la intención original del autor o tiene libertad para transformar una obra clásica en una denuncia social?


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