Recuerda el tardeo navideño en Jerez de antes: una víspera de Navidad basada en la amistad y la charla de bar.
Aquellos 24 de diciembre: Cuando Jerez brindaba por la amistad
Quienes hoy rondamos los cincuenta y tantos años guardamos en la retina un Jerez que, llegadas estas fechas, se sentía de una manera distinta. No es que cualquier tiempo pasado fuera mejor por sistema, pero sí es cierto que la víspera de Nochebuena tenía un aroma que hoy, entre la marea de las zambombas turísticas y el ruido mediático, parece haberse difuminado.
Si echamos la vista atrás, aquel 24 de diciembre en el centro no era un festival de coros a pie de calle ni una carrera por encontrar el mejor sitio para ver una actuación. Era, sencillamente, el día de la camaradería.
El rito del encuentro espontáneo
Recuerdo salir a la calle con esa luz especial del invierno jerezano, con el abrigo puesto y el propósito claro de «echar un rato». El centro de Jerez era el salón de casa de todos nosotros. No hacía falta quedar por WhatsApp ni organizar rutas; sabías que en Los Caracoles, en Los Dos Deditos o en La Moderna estarían los de siempre.
Aquel tardeo navideño en Jerez consistía en el abrazo a ese amigo que volvía de Madrid o de Barcelona por vacaciones, en el brindis con el vecino que no veías desde el verano y en la charla pausada acodados en un mostrador de madera. Se bebía vino de la tierra, se compartían unas aceitunas o unos chicharrones, y el sonido ambiente no eran altavoces con villancicos a todo volumen, sino el murmullo constante de mil conversaciones cruzadas.
De los bares a la intimidad del hogar
La gran diferencia con el panorama actual es que la «zambomba» como tal era un rito nocturno o de peña, algo casi sagrado que pertenecía a los patios y a los barrios de Santiago y San Miguel. Lo que hacíamos en los bares el día 24 era otra cosa: era la antesala de la cena familiar.
No había esa urgencia por consumir espectáculo que vemos hoy. Había una elegancia natural en ese Jerez que salía a la calle a celebrar que estábamos juntos un año más. Era un ambiente vibrante, sí, pero con una escala humana que permitía reconocer las caras de quienes tenías al lado. Era un Jerez donde los camareros te llamaban por tu nombre y donde el tiempo parecía detenerse justo antes de que las campanas nos avisaran de que era hora de volver a casa para la cena de Nochebuena.
Una añoranza con nombre propio
Hoy, al ver el centro desbordado de visitantes que buscan la foto perfecta de una zambomba, uno no puede evitar sentir una punzada de nostalgia por aquel sosiego. Aquella forma de vivir el tardeo navideño en Jerez era nuestra seña de identidad: una mezcla de respeto por lo que estaba por venir y una alegría contenida que se manifestaba en la mano en el hombro del amigo y en el «feliz Navidad» dicho de corazón a quienes compartían barra con nosotros.
Perder el anonimato de la fiesta es, quizás, el precio del progreso, pero en nuestra memoria siempre quedará aquel 24 de diciembre donde la verdadera protagonista no era la música, sino la simple y maravillosa camaradería jerezana.
Imagen de la cabecera generada por IA
📢 ¡Únete a nuestra comunidad! Recibe la actualidad de Jerez directamente en tu móvil y participa con tus reacciones:
👉 [Canal de WhatsApp] | [Canal de Telegram]
✨ ¿Te ha gustado este artículo? Ayúdanos a seguir creciendo compartiendo esta noticia con tus contactos. Tu apoyo es nuestra mejor recompensa. 🤝
