La Zambomba de Jerez es un Bien de Interés Cultural (BIC), pero un año después de la promesa de la Ordenanza, la regulación brilla por su ausencia. Descubre cómo la falta de límites firmes ante el fenómeno comercial está saturando el centro histórico y diluyendo la esencia cultural de esta fiesta. La Zambomba de Jerez, un año de promesas incumplidas, revela el futuro incierto del patrimonio jerezano.

La promesa de 2024: De reconocer el «fenómeno» a proteger el patrimonio

Hace justo un año, en diciembre de 2024, la alcaldesa de Jerez, María José García-Pelayo, anunciaba una medida crucial para la fiesta más emblemática de la ciudad. Tal como recogía el vídeo original de Europa Press, la regidora reconoció que la Zambomba era un «fenómeno cultural más que consolidado» que «no deja de crecer» y se comprometió a «cuidar» su esencia. El mecanismo anunciado para blindar este Bien de Interés Cultural (BIC) era la creación inminente de una Ordenanza Municipal Reguladora.

La promesa era clara: crear un marco legal que conciliara el imparable desarrollo comercial y turístico con el respeto a la esencia cultural de la fiesta y, fundamentalmente, con el necesario descanso de los vecinos del saturado centro histórico.

Un año después, en diciembre de 2025, la cruda realidad es que esa normativa definitiva brilla por su ausencia. La Zambomba de Jerez, un año de promesas incumplidas, es el amargo titular que define esta temporada.

El estancamiento: ¿Dónde quedó el cuidado de la esencia del BIC?

La iniciativa partió con el paso legal correcto: a finales de enero de 2025, el Ayuntamiento abrió el plazo de consulta pública, invitando a ciudadanos y colectivos a proponer ideas para asegurar que el espíritu del villancico flamenco, el círculo íntimo y la espontaneidad vecinal perduraran. Este era el paso crucial para garantizar que la futura Ordenanza tuviera un alma protectora y no solo administrativa.

No obstante, tras cerrarse aquel plazo, el proyecto se estancó. La Ordenanza prometida para 2025 no llegó a pasar siquiera por el Pleno municipal. El resultado ha sido la aplicación del Bando Municipal de Zambombas 2025, una herramienta administrativa temporal que, para muchos, es la claudicación de la tradición ante el interés comercial.

Crítica central: Un Bando a medida del espectáculo y el negocio

El gran punto de fricción y crítica de esta temporada es la percepción de que el Bando, lejos de proteger la intimidad del BIC, ha favorecido de forma desmedida el carácter de «espectáculo público» y comercial de la Zambomba.

Mientras el objetivo de la Ordenanza era poner límites firmes, el Bando ha sido objeto de duras críticas por la permisividad hacia:

  • La proliferación de barras y mostradores en la vía pública por parte de la hostelería.
  • La celebración de Zambombas como macroeventos de consumo que saturan el centro histórico.
  • La suspensión de facto de los objetivos de calidad acústica, lo que provoca que el descanso de los residentes quede en un segundo plano ante el «fenómeno» económico.

Para los colectivos culturales y vecinales más puristas, esta situación mercantilista genera una dolorosa paradoja: se presume de celebrar una tradición declarada BIC, pero la normativa que la regula este año parece alejarla de su esencia fundacional. La Zambomba de Jerez se convierte en la historia de cómo la falta de una regulación seria contribuye a la devaluación de la celebración a manos de su propia popularidad.

Mirando a 2026: La urgencia de la regulación definitiva

El Ayuntamiento ha intentado paliar esta carencia con medidas paliativas como el esfuerzo de descentralizar la Zambomba y llevarla a los barrios, o la novedad de un concurso para premiar la autenticidad. Sin embargo, estas iniciativas se perciben como parches insuficientes que no abordan el problema estructural: la falta de una Ordenanza con peso legal, capacidad sancionadora y límites firmes.

La promesa de la Ordenanza, que debía haber protegido la celebración de 2025, se pospone ahora presumiblemente hasta 2026. Esta demora no solo genera incertidumbre, sino que siembra la duda sobre la voluntad política real para aprobar una norma que, inevitablemente, deberá poner coto a ciertos excesos comerciales.

Jerez necesita urgentemente dejar atrás la provisionalidad del Bando. El futuro de su Bien de Interés Cultural, reconocido y admirado, merece una regulación seria, estable y consensuada. Es hora de que La Zambomba de Jerez, un año de promesas incumplidas, se transforme en la historia de la Zambomba del BIC con su Ordenanza protectora.


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