El 4 de diciembre de 1882, una sombra se cernió sobre la provincia de Cádiz con el conocido como El Crimen de la Parrilla y La Mano Negra. La historia oficial relata cómo una junta de asociados se reunió en el rancho del Alcornocalejo, en el término de Jerez de la Frontera, para ordenar el asesinato de Bartolomé Gago Campos, un joven de 24 años. El crimen se consumó en el cortijo de la Parrilla, y pronto, los rumores más siniestros señalaron a una terrible sociedad secreta: La Mano Negra. Este hecho no solo marcó un punto negro en la historia local, sino que desencadenó una de las cacerías humanas más célebres y controversiales de la época, salpicada de traiciones y un misterio final.

El delator que selló su propio destino

La Guardia Civil, actuando a partir de «confidencias reservadas», logró detener a 17 trabajadores. La fuente de esas confidencias, que llevaron a siete hombres al garrote y a otros nueve a penales africanos, era uno de los detenidos, Cayetano de la Cruz Expósito. Con una fisonomía «repulsiva» y de baja estatura, este hombre se convirtió en el principal delator, pero su suerte no sería mejor. Aunque logró fugarse, para sorpresa de todos, se entregó voluntariamente el 5 de abril de 1883 a las autoridades de Paterna. Su regreso a la prisión lo condenó a un aislamiento total, ya que el resto de los presos lo consideraban el culpable de sus desgracias.

El peso de la traición y la soledad marcaron sus días

Cuando el Tribunal Supremo ratificó su condena a muerte por garrote vil, Cayetano montó en cólera y se consumió en la rabia, pateando y gritando en su celda. El final de su historia es tan oscuro como el propio crimen que ayudó a resolver. Cayetano apareció colgado en su calabozo. ¿Fue un suicidio o un asesinato? Esta pregunta sigue resonando en las páginas de la historia de El Crimen de la Parrilla y La Mano Negra.

El enigma de la celda: ¿Suicidio o asesinato?

Los expedientes gubernativos de la época revelan detalles escalofriantes. El director de la cárcel, Juan Antequera, manifestó que Cayetano ya había mostrado «tendencias marcadas al suicidio» en el pasado. Incluso la noche de su ingreso intentó acabar con su vida con un alambre, llegando a rasgarse el cuello con las uñas. A pesar de la vigilancia, el 28 de abril, los guardias lo encontraron colgado de una reja en el techo de su celda. Utilizó una faja y la cuerda de una escoba para consumar su fatal destino.

No obstante, el recuento de los hechos no acalló las sospechas. La voz popular, la de sus compañeros de prisión, se impuso con un veredicto más crudo: «Chivato de mala leche, tú solito como Judas, te diste muerte». La verdad detrás de la muerte de Cayetano de la Cruz sigue siendo uno de los mayores enigmas de El Crimen de la Parrilla y La Mano Negra, un oscuro recordatorio de que, a veces, la justicia y la verdad son conceptos muy diferentes.


Referencias

AMJ. Leg. 872. Exp. 19357. Año 1884. Pantoja Antúnez, José L. & Ramírez López, Manuel. La Mano Negra, memoria de una represión. Edit. Quórum. Cádiz. Año 2000. Audiencia de Jerez de la Frontera. Proceso contra Pedro Corbacho y quince personas más, por el asesinato de El Blanco de Benaocaz. Sumario, juicio oral y sentencia. Revista de Legislación y Jurisprudencia. Madrid. 1883.

La Alcubilla. Boletín Digital de Historia de Jerez. Nº 0. DICIEMBRE de 2016. Ejemplar gratuito. Cuatrimestral.


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