Se acerca la Navidad, y con ella, uno de los periodos más esperados por los más pequeños de Jerez: el tiempo de ilusión, de juegos al aire libre y, sobre todo, de vacaciones escolares. Es el momento cumbre en el que los parques infantiles de la ciudad deberían estar a pleno rendimiento, ofreciendo un refugio de diversión para canalizar la energía de los niños y niñas que, por fin, dejan atrás la rutina del colegio. Sin embargo, este año, el Ayuntamiento de Jerez parece haber optado por una estrategia de gestión del tiempo, cuanto menos, cuestionable.
La estampa de vallado, maquinaria y cartelería de obras en parques infantiles se repite, convirtiendo espacios de ocio en zonas de trabajo justo cuando más se necesitan. Primero fue la Plaza del Progreso, y ahora, la polémica se traslada al parque Pozoalbero, un punto neurálgico para el juego de muchas familias jerezanas. La decisión de iniciar estas intervenciones de mejora o reparación en estas fechas tan señaladas ha desatado una oleada de críticas comprensibles entre los vecinos.
¿Mala planificación o desinterés por el ocio infantil?
La pregunta que resuena en las calles, y con razón, es: ¿Es el momento ahora de iniciar obras en parques infantiles? No se trata de criticar las mejoras necesarias, sino la elección del timing. A lo largo del año, la ciudad cuenta con amplios periodos, como los meses de menor afluencia o incluso el intenso calor del verano, cuando la asistencia a estas instalaciones desciende drásticamente.
El periodo navideño, sin embargo, se caracteriza por ser un tiempo donde el ocio en familia se vuelve prioritario y donde el uso de estos espacios públicos se dispara. Es un contrasentido que la administración local impulse campañas de Navidad para fomentar el consumo y el espíritu festivo, mientras simultáneamente clausura los lugares de esparcimiento gratuitos y esenciales para los niños, enviando un mensaje contradictorio a la ciudadanía.
La gestión municipal debe priorizar la optimización del uso de los recursos, y esto incluye el recurso tiempo. No se entiende cómo no se ha podido calendarizar la ejecución de las obras en parques infantiles de manera que no coincidan con las vacaciones escolares. Esta falta de previsión no solo frustra a los niños, sino que también complica la conciliación familiar, obligando a buscar alternativas de ocio en un momento en que la economía familiar ya está tensionada por los gastos propios de estas fiestas.
El cierre de parques como el de Pozoalbero en vísperas de la Navidad no solo es un error logístico, sino una falta de sensibilidad hacia las necesidades de las familias. El Ayuntamiento de Jerez debe reflexionar sobre esta planificación y asegurar que futuras obras en parques infantiles se realicen en periodos más idóneos para garantizar que la ilusión de la Navidad no se tope con una valla de obra.
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