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Signos y dibujos en el patio de La Cartuja de Jerez

En 1848, Antoine de Latour, uno de los primeros hispanistas franceses, viaja por el Guadalquivir, de Sevilla a Cádiz, desde donde se desplazará para conocer Jerez. Había venido a España como secretario de los Duques de Montpensier con quienes residía en Sevilla donde habían instalado su “corte” tras salir de Francia, agitada en aquellos años por la revolución que daría lugar a la segunda república.

Con la visión propia de los viajeros románticos, Latour visita Jerez procedente del Puerto de Santa María, mostrando su admiración por los “inmensos campos de viñas” que encuentra en el camino. En el relato de su viaje se ocupa de la ciudad y del Alcázar, y se extiende especialmente fabulando sobre los escenarios de la Batalla del Guadalete. Dedica también buena parte de su narración a La Cartuja que, cuando la visita, se encuentra ya cerrada desde hace más de una década: “La Cartuja de Jerez fue durante mucho tiempo célebre y quienes tuvieron la suerte de verla antes de 1834 la conocieron en todo su esplendor. Cuando a lo lejos percibí por primera vez sus vastas ruinas, pensé que eran las de una ciudad”.

Latour, subraya el “impresionante aspecto” que pese al saqueo y al pillaje, al deterioro de los muros y al abandono, presenta todavía el Monasterio. Vamos a entrar con él: “Al empujar la puerta entre abierta de una primera cerca, me encontré con un espacioso antepatio enlosado y rodeado de una elevada muralla cuya crecería estaba ligeramente adornada…” Nuestro visitante recorre detenidamente la iglesia, los claustros, las celdas, lo que fueron las huertas… Poco antes de abandonar La Cartuja llaman poderosamente su atención unos extraños dibujos y signos en el suelo del patio:

«Volviendo al primer patio se podía observar sobre el enlosado el trazado de un dibujo de grandes dimensiones: era el plano de una capilla que me habían mostrado sobre una colina alejada y que llevaba el pintoresco nombre de Salto al Cielo y que… (la capilla) era como un centinela adelantado para tener siempre un ojo abierto sobre ese lugar apartado de un rico dominio».

Un siglo y medio después de la visita de Latour, siguen aquí estos extraños signos y “dibujos”, en el mismo lugar que los describe: círculos concéntricos, líneas que se cruzan, una silueta de lo que parece se un arco, otra que recuerda a un capitel… Allí están tal como se trazaron a finales del siglo XVIII o comienzos del XIX cuando se proyectó la construcción de la Capilla de Salto al Cielo, propiedad de La Cartuja. Allí podemos verlos aún, como si de un plano a escala real se tratase, y nos imaginamos al recorrerlos y al pisarlos que corresponden, por ejemplo, a la planta de la linterna que corona la bóveda de la Ermita, a una legua del Monasterio, y que desde hace dos siglo ilumina como un faro el hermoso paisaje de la campiña.

Para saber más:

  • La Bahía de Cádiz de Antoine de Latour. Traducción y notas: Lola Bermúdez e Inmaculada García . Diputación de Cádiz., 1986. pp. 111-114.
  • Clavijo Provencio, R.: Jerez y los viajeros del XIX. B.U.C. Jerez, 1989
  • Clavijo Provencio, R.: Viajeros apasionados. Testimonios Extranjeros sobre la provincia de Cádiz 1830-1930. Diputación de Cádiz, 1997.

Fuente: http://entornoajerez.blogspot.com/

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